Ayer, durante un breve viaje de negocios al
DF, el destino me llevo a vagar por mis viejos rumbos: El barrio de Copilco y
sus alrededores. A pesar de los años transcurridos desde la última vez que
estuve ahí, fue bueno ver que el barrio me reconoció de inmediato. La
memoria de las personas pronto borra un nombre o un rostro, pero la calle jamás
olvida a los que nos educamos en ella.
Mientras caminaba, la nostalgia me hacia su presa, y es que cada rincón evocaba nuevamente en mi recuerdos de buenos tiempos que ya se han ido. Amistades y amores perdidos, buenas fiestas y mucho baile, todo acompañado por grandes cantidades de alcohol. En esos días, la bohemia en la que vivía me hacía ver a la ciudad de México como al Paris de Miller o Los Ángeles de Bukowski.
Inevitablemente, mi vagabundeo me llevo hasta el Centro Cultural San Ángel, di un rápido vistazo, y al no encontrar algo interesante, me dirigí a Casa Jaime Sabines, solo para descubrir que ahí tampoco había cambiado nada, pero a la vez todo era distinto. Tristemente me di cuenta de que ahí ya no había nada para mí. Decidí detenerme a tomar una cerveza en un billar que solía frecuentar, cuando recordé de pronto un lugar que también tenía muchas historias que contarme (o más bien, recordarme): El bar "New Orleans", refugio de bebedores solitarios y parejas clandestinas que encontramos en el whiskey y el blues arrullo para nuestras penas, e intimidad para nuestras perversas pasiones. Decidí ir para allá.
Las luces, como se acostumbra ahí por la tarde, estaban apagadas, y solo iluminaba tenuemente el lugar la luz del sol que aun se filtraba por la ventana que da a Revolución, y la eterna luz de neón de la barra. Fue grato para mí ser recibido con "Matilda Waltz" de Tom Waitts, pues acentuó en mí la sensación de nostalgia por los viejos tiempos. Supongo que así de cálido debe de sentirse el abrazo de un ser querido cuando se regresa al hogar después de una larga ausencia.
El cantinero me saludo con un ligero movimiento de cabeza y un sutil gesto de complicidad, libre de un forzado y sonoro "buenas tardes", dedicado hipócritamente a los que no son habituales parroquianos del lugar. Buena señal, pues quería decir que me recordaba (yo no lo recuerdo) o me veía como a un igual. Me gusta pensar que, como los vagabundos, tengo ese tipo de rostro de aquel que no es de ninguna parte, pero ha estado en todos lados.
Como buen inadaptado social, elegí una mesa del rincón, lejos de una pareja que mi turbia imaginación asocio con los términos "secretaria/amante" y "jefe lujurioso", y de un par de viejos que jugaban domino y tomaban cerveza. Pedí una etiqueta roja en las rocas y saque una libreta para comenzar a escribir.
Fui dejando que el whiskey me fuera llenando lentamente con su oscuridad liquida, cerré los ojos y me concentre en la dulce niebla que poco a poco me iba envolviendo, parte por el áspero sabor del whiskey, parte por el humo del cigarro, y parte por la canción "Here comes the snake", de los "Cherry Poppin Daddies" (que en ese momento servía de fondo para mi sagrada comunión), pero la inspiración nunca llego. Pedí un escoses mas, y después una cerveza, pero la inspiración seguía sin llegar. En esas estaba cuando escuche al cantinero decir:
- Buenas tardes. - Confirmando así mis sospechas.
Levante la vista y vi a una chica entrando
sola al bar; resalto esto pues, a pesar de que no es un lugar sórdido o
peligroso, tampoco es un café al que podría ir una chica sola a
reflexionar. Me quede pensando en esto y no me di cuenta de que estaba sosteniéndole
la mirada, cuando reaccione regrese la vista a mi libreta, pues no quería
incomodarla.
Comencé a pensar en una historia para escribir, partiendo del por qué una chica como ella podría querer estar sola en un bar de viejos que escuchan blues y jazz, cuando de reojo vi que se acercaba a mí. Lo reconozco: Me puso nervioso. Creo que sobre todo fue la incertidumbre de saber si venia hacia mi o pensaba sentarse en la mesa de junto. Se detuvo y me pregunto:
Comencé a pensar en una historia para escribir, partiendo del por qué una chica como ella podría querer estar sola en un bar de viejos que escuchan blues y jazz, cuando de reojo vi que se acercaba a mí. Lo reconozco: Me puso nervioso. Creo que sobre todo fue la incertidumbre de saber si venia hacia mi o pensaba sentarse en la mesa de junto. Se detuvo y me pregunto:
- ¿Puedo sentarme? -
Fingí un poco de sorpresa (que más bien eran
nervios) y dije que sí. Ella pregunto:
- ¿Que escribes? -
Le respondí que aun nada, pues no estaba
inspirado, y me dijo:
- Si quieres puedo leerte la mano por $30,
eso podría ayudarte con la inspiración. -
A pesar de que no fue brusca, me dio un poco de
risa lo directa que fue. Le dije que estaba bien lo de la mano, pero además le
invitaba una cerveza. Lo pensó un momento, me dio la mano con un gesto un
poco infantil, y me dijo:
- ¡Va! Soy Gretel. -
Tomo suavemente mi mano izquierda (lo cual fue un sorpresivo contraste a su forma de ser tan directa) y la volteo con la palma hacia ella. Me explico que la línea que empieza en la muñeca y pasa en medio del pulgar y el índice, es la línea de la vida, y en mi caso indica una vida agitada y llena de cambios, pero que gracias a mi buena salud y vitalidad los afrontaba bien. Me dijo también que el largo de la línea y la profundidad no necesariamente quieren decir longevidad o muerte prematura, pero que en mi veía mucha intensidad de experiencias, sensibilidad y pasión, lo cual me hacían una persona creativa.
Después me enseño la línea de la inteligencia, en mi caso unida a la de la vida y más fuerte que la del destino, lo cual quiere decir, según me dijo, que tengo mucha conciencia de mi, de mi cuerpo y de mis emociones, y que a pesar de llevar una vida agitada y muy accidentada (sospecho que eso lo "intuyo" al ver mi cara) yo decido mi destino. También vio un ángulo que se forma entre esta línea y la del destino, una "sombra de mala suerte" (eso me dio risa, pues la frase la saco de una rola que acabábamos de escuchar unos minutos antes "Bad luck shadow", y dramatizo intencionalmente a la hora de decirlo).
Menciono otras líneas que para mí no tuvieron gran importancia (salvo una línea de "viaje", como ella la llamo, que hablaba de una búsqueda espiritual que me mantendría en constante movimiento por el resto de mi vida), finalmente llego a la del corazón.
De acuerdo a lo que ella leyó en la traidora palma de mi mano, idealizo constantemente a cada ser excepcional que conozco, me enamoro profundamente, sin celos o ataduras, y me entrego sin exigir nada a cambio, pero también sin medir las consecuencias de mis actos. Debido a esto siempre soy motivo de críticas entre la gente, pues en vez de ver libertad en mi forma de proceder, ven libertinaje, lo que invariablemente provoca que se alejen de mi. Me dijo también que mi forma de concebir el amor hubiera sido la ideal entre los antiguos griegos, pero ahora estaba fuera de lugar, por lo que constantemente sufría decepciones. Mientras todo mundo busca estabilidad, a mí solo me interesa vivir el momento. Por desgracia, dijo ella, estoy consciente de esto y no quiero ni puedo cambiarlo. Dijo que tengo un "Corazón pagano".
Esta brillante frase suya le dio mayor inspiración, y me dijo que esta forma "pagana" de vivir la vida era lo que me daba fuerza para afrontar cualquier obstáculo, pues inconscientemente me veo a mi mismo como un sacrificio humano ("El cristo de la carretera", pensé). En este punto interrumpió para preguntarme a que religión pertenezco, y le confesé que, a pesar de que creo en muchas cosas, no soy devoto de nada, sin embargo me identifico profundamente con el culto a Venus y a Dionisos. "El dios del vino y la diosa del amor, tenía que ser", me dijo.
Después de una pausa para pedir otras cervezas, me desahogue un poco con ella, ya que tenia la fuerte impresión de estar frente a una psicóloga en vez de una moderna gitana. Ella me escucho pacientemente, y cuando por fin hablo me dio un sabio consejo para mi "mal de amores". Lo que alcanzo a recordar es más o menos lo siguiente:
Tomo suavemente mi mano izquierda (lo cual fue un sorpresivo contraste a su forma de ser tan directa) y la volteo con la palma hacia ella. Me explico que la línea que empieza en la muñeca y pasa en medio del pulgar y el índice, es la línea de la vida, y en mi caso indica una vida agitada y llena de cambios, pero que gracias a mi buena salud y vitalidad los afrontaba bien. Me dijo también que el largo de la línea y la profundidad no necesariamente quieren decir longevidad o muerte prematura, pero que en mi veía mucha intensidad de experiencias, sensibilidad y pasión, lo cual me hacían una persona creativa.
Después me enseño la línea de la inteligencia, en mi caso unida a la de la vida y más fuerte que la del destino, lo cual quiere decir, según me dijo, que tengo mucha conciencia de mi, de mi cuerpo y de mis emociones, y que a pesar de llevar una vida agitada y muy accidentada (sospecho que eso lo "intuyo" al ver mi cara) yo decido mi destino. También vio un ángulo que se forma entre esta línea y la del destino, una "sombra de mala suerte" (eso me dio risa, pues la frase la saco de una rola que acabábamos de escuchar unos minutos antes "Bad luck shadow", y dramatizo intencionalmente a la hora de decirlo).
Menciono otras líneas que para mí no tuvieron gran importancia (salvo una línea de "viaje", como ella la llamo, que hablaba de una búsqueda espiritual que me mantendría en constante movimiento por el resto de mi vida), finalmente llego a la del corazón.
De acuerdo a lo que ella leyó en la traidora palma de mi mano, idealizo constantemente a cada ser excepcional que conozco, me enamoro profundamente, sin celos o ataduras, y me entrego sin exigir nada a cambio, pero también sin medir las consecuencias de mis actos. Debido a esto siempre soy motivo de críticas entre la gente, pues en vez de ver libertad en mi forma de proceder, ven libertinaje, lo que invariablemente provoca que se alejen de mi. Me dijo también que mi forma de concebir el amor hubiera sido la ideal entre los antiguos griegos, pero ahora estaba fuera de lugar, por lo que constantemente sufría decepciones. Mientras todo mundo busca estabilidad, a mí solo me interesa vivir el momento. Por desgracia, dijo ella, estoy consciente de esto y no quiero ni puedo cambiarlo. Dijo que tengo un "Corazón pagano".
Esta brillante frase suya le dio mayor inspiración, y me dijo que esta forma "pagana" de vivir la vida era lo que me daba fuerza para afrontar cualquier obstáculo, pues inconscientemente me veo a mi mismo como un sacrificio humano ("El cristo de la carretera", pensé). En este punto interrumpió para preguntarme a que religión pertenezco, y le confesé que, a pesar de que creo en muchas cosas, no soy devoto de nada, sin embargo me identifico profundamente con el culto a Venus y a Dionisos. "El dios del vino y la diosa del amor, tenía que ser", me dijo.
Después de una pausa para pedir otras cervezas, me desahogue un poco con ella, ya que tenia la fuerte impresión de estar frente a una psicóloga en vez de una moderna gitana. Ella me escucho pacientemente, y cuando por fin hablo me dio un sabio consejo para mi "mal de amores". Lo que alcanzo a recordar es más o menos lo siguiente:
- A las mujeres, al igual que a los hombres, ni
todo el dinero ni todo el amor. Todas las diosas tienen su lado bueno y su lado
malo, todas las mujeres somos medio bipolares, estamos locas, no sabemos tener
un compañero sin querer convertirlo en esclavo o amo. Tú no tienes madera de
domador de fieras, y créeme que no te gustaría ser nuestro esclavo. Lo mejor
para ti es dar y recibir todo el amor que puedas, pero después síguete de
largo. -
La lectura termino, y le agradecí de corazón la atención y el consejo, y ofrecí leerle el Tarot a cambio. Al principio se rehusó pues ella si me había cobrado la lectura de mano, yo le argumente que lo había hecho tan bien que valía mi lectura, los $30, y las chelas que quisiera. Pedimos otra ronda de cervezas y comencé la lectura. Durante el tiempo que duro esta y hasta que nos despedimos, Gretel nunca soltó mi mano.
Nos dio la noche en el bar, y tuve que poner fin al mágico momento, pues todavía me esperaba el viaje de regreso a Cuautla, ciudad en la que ahora resido. Pague la cuenta y salimos al frio de la noche. Gretel me tomo fuerte del brazo y nos fuimos caminando hasta donde tomo su camión. Al despedirnos quise besarla, pero preferí no hacerlo. Nos despedimos con un efusivo abrazo, como si fuéramos viejos conocidos, y quedamos de llamarnos para vernos otra vez. Mientras su camión se alejaba seguimos mirándonos y sonriendo fraternalmente. Cuando la perdí de vista me di la vuelta para emprender la marcha y pensé "Adiós Gretel, se que nunca mas te volveré a ver".
La lectura termino, y le agradecí de corazón la atención y el consejo, y ofrecí leerle el Tarot a cambio. Al principio se rehusó pues ella si me había cobrado la lectura de mano, yo le argumente que lo había hecho tan bien que valía mi lectura, los $30, y las chelas que quisiera. Pedimos otra ronda de cervezas y comencé la lectura. Durante el tiempo que duro esta y hasta que nos despedimos, Gretel nunca soltó mi mano.
Nos dio la noche en el bar, y tuve que poner fin al mágico momento, pues todavía me esperaba el viaje de regreso a Cuautla, ciudad en la que ahora resido. Pague la cuenta y salimos al frio de la noche. Gretel me tomo fuerte del brazo y nos fuimos caminando hasta donde tomo su camión. Al despedirnos quise besarla, pero preferí no hacerlo. Nos despedimos con un efusivo abrazo, como si fuéramos viejos conocidos, y quedamos de llamarnos para vernos otra vez. Mientras su camión se alejaba seguimos mirándonos y sonriendo fraternalmente. Cuando la perdí de vista me di la vuelta para emprender la marcha y pensé "Adiós Gretel, se que nunca mas te volveré a ver".

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