domingo, 22 de abril de 2012

Tiempo imperfecto


Faltaba media hora para que empezara su guardia en el hospital, pero a él le gustaba ser puntual. Por mucho que se desvelara, no le costaba trabajo levantarse. En realidad no había dormido nada la noche anterior. Había estado platicando largo rato por teléfono con ella y, cuando finalmente se despidieron, no pudo dejar de pensarla.

Estaba en el cuarto piso del hospital, viendo el amanecer. El piso aun estaba oscuro, y poco a poco se iban filtrando los rayos del sol, calentando, con ayuda de un café del Oxxo, su cuerpo. A esa altura, a través del amplio cristal, la ciudad parecía un enorme nacimiento. Quizá un reflejo multiplicado hasta el infinito, como a través de cientos de espejos, de las estrellas que aun adornaban el cielo.

De frente tenia a La mujer dormida, en todo su esplendor. Inevitablemente, evoco a su musa. Con su aliento imprimió vaho en la ventana, y comenzó a trazar el nombre de ella con el dedo:

- Da...- No quiso terminar. No podía.

Eran las 7:00 am, hora de presentarse en urgencias, su servicio.

El día fue, hasta cierto punto, rutinario: Curaciones en piernas diabéticas, suturas por accidentes laborales y escolares, retiro de puntos, niños con fiebre, adultos con infecciones estomacales o presión alta, etc. Lo más emocionante del día fue una congestión alcohólica. Amaba ser enfermero. Las catorce horas que duraba la guardia se le iban a ir rápido. Pasaría el día pensando en ella.

La había conocido en una fiesta. El platicaba y bebía con un grupo de amigos y amigas. Mientras lo hacía, se entretenía haciendo una mariposa de origami. De pronto, un bello rostro entre la multitud, una voz áspera, pero suave, una prófuga del País de las maravillas, exclamo:

- ¡Mariposa! - y se acerco, ignorando a los demás, a contemplar su creación.

Desde ese día, ella fue metiéndosele en los poros, como una droga.

Su primer beso fue tierno y torpe. Ella, muy segura de sí, le pregunto:

- ¿Quieres besarme? -

El movió la cabeza afirmativamente, y se acerco para besarla. Como todo hombre, entendió mal las señales. Los labios de ella apenas se movían, y los de él se movieron de mas. Tiempo después, al recordar ese beso, bromeaban al respecto. Él le confesó que se sintió como el Lobo feroz devorando a Caperucita. Ninguno estaba seguro de si a ese beso le había sobrado o faltado alcohol.

Desde que ella entro en su vida, ya no era capaz de entender lo que es el amor. Antes estaba seguro de cada uno de sus sentimientos, pero llego ella, agito desde la Luz una de sus alas, y arraso con todo aquello en lo que el creía, hasta alcanzar el lado oscuro del corazón. ¿Como era posible que algo tan bello pudiera doler tanto? ¿Que dura paradoja podía hacer que algo, en apariencia tan frágil, pudiera causar tanto daño? Ella era su efecto mariposa.

- No me ames, no me extrañes. Yo algún día abre de irme, quizá con alguien más, y tendrás que aceptarlo. No quiero ponerle nombre a esto que tenemos. Quiero disfrutarte y que me disfrutes. Me agradas. Te quiero. -

¿Como era posible que ella fuera tan cruel como para decir, pensar, y sentir eso? No, no era cruel, tenía razón.

¿Es el amor en verdad tan complicado, o somos nosotros quienes lo envilecemos con nuestros miedos, nuestra estupidez, nuestra necesidad de controlarlo todo? El amor no sabe de géneros, razas, estado civil, edad, religión o posición social. El amor se siente o no, así de fácil. No es necesario demostrar su existencia con ciencia o argumentos, como sucede con Dios. El amor se alimenta del pasado, pero vive en el presente. No existe nada mas, no sabe del futuro. El amor es realización, libertad, entrega, inspiración, complicidad, sacrificio y goce. Es una mirada, un beso, un abrazo, una caricia, una palabra dulce al oído, un gemido de placer. El amor es plural, incluyente, quiere envolvernos a todos en su cálido y suave abrazo, e iluminarnos como los rayos del sol. "Fidelidad" es solo una palabra que inventamos para decir que alguien nos pertenece, aunque también el amor es compromiso, y una voluntad constante de permanecer. El amor es una pasión violenta y, aunque a veces sentimos que nos mata o nos enloquece, nunca puede alimentarse de violencia. El amor, cuando se busca, no se encuentra, y cuando se encuentra casi nunca es bien correspondido. Es breve y escaso. Una joya rara que casi nadie conoce, aunque todo mundo se llene la boca diciendo que lo vive o lo ha vivido (cuando en realidad lo único que encontraron fue autosatisfacción, placer egoísta, masturbación). El amor duele, pero es lo único por lo que vale la pena luchar, vivir, morir.

A medio día, en vez de ir a comer, como siempre, con sus compañeros, se fue a escuchar música en una ambulancia. Ni siquiera prendió el estéreo. Simplemente se dedico a observar la lluvia, y a pensar en ella. Tarde o temprano se iba a ir, y el no podía hacer nada para impedirlo. No tenía derecho. Había tantas cosas que quería decirle, pero no iba a hacerlo. Nunca iba a mostrarle síntoma alguno de debilidad. Jamás lo vería sufrir por ella, ni lamentarse, ni añorarla. Pero quería gritarle que se quedara. Quería esposarla a la cama y perder la llave. Quería decirle que sin ella todo era gris y sin sentido, y que si algún día quería regresar, el estaría esperando con los brazos abiertos. Pero no tenia caso,. La vida le había enseñado, a la mala, que hablar no tiene mucho sentido.

Ella era inteligente, bella y fuerte. Quería cuidarla y hacerla feliz, de ser posible, para toda la vida. No necesitaba que cuidara de él. Siempre se las había arreglado para salir adelante solo, incluso emocionalmente. Necesitaba de su perfume, impregnando su cuerpo. Necesitaba de sus besos, que cubrían de calor su alma y su piel. Necesitaba sentirse iluminado por su sonrisa. Se preguntaba que sería de él cuando ella ya no estuviera. ¿Por qué, si tenía que irse, no se largaba de una buena vez, dejándolo solo, pero tranquilo, igual a como lo encontró? No podía retenerla, y no quería dejarla ir.

Así había sido siempre para él: Todo lo que tenia le había costado lágrimas, sudor, y sangre. Lo mejor de su vida siempre se iba o se quedaba atrás. No, eso no era cierto. Tenía un buen trabajo, y estaba contento con su profesión. No era rico ni pobre, pero tenía todo lo que un hombre pudiera necesitar. Pero lo más importante era Raquel, su esposa, quien lo amaba profundamente, y a quien el amaría hasta que la muerte los separe. Quizá más. Aun así, el sabia que cuando ella, la "intrusa", como dramáticamente le gustaba nombrarse, se fuera, algo importante en su corazón se rompería, y jamás tendría arreglo.

Ella, su único vicio, su única pasión, el único secreto que había tenido en su vida, lo único prohibido, su único pecado. Si, pensaba disfrutar con ella lo más posible. Era mejor arder que consumirse lentamente.

Después de un rato, salió de la ambulancia y prendió un cigarro. La lluvia era tenue, y apaciguaba el fuego interior. Sonó su teléfono. Era ella.

- Quiero verte. ¿Puedes decirle a tu esposa que te quedaras a hacer guardia en la velada? Pasa conmigo la noche. Hace frio, y me haces falta... -

domingo, 8 de abril de 2012

El beso de la serpiente


El rave termino de madrazo antes de las once, cuando se escucharon tres balazos. Todo mundo corrió como estampida a sus coches. Lástima, esa fiesta pintaba para ser salvaje. Daniel y Raúl se treparon en chinga a la Lobo de este último. Con ellos iban ahora una pequeña multitud que acababan de conocer. Se arrancaron y dejaron atrás el Desierto de los leones. Un Civic y un Audi, también llenos de gente, los seguían.

Alguien tuvo la idea de seguir la fiesta en La marquesa. Cuando llegaron, lo primero que vieron fue a un par de tiras haciendo guardia en su patrulla. Les soltaron mil varos y un pomo de Chivas para que les dieran chance de estacionarse junto a la laguna. Los tiras incluso se ofrecieron a dar el rol de vez en cuando, para ver que estuvieran bien. Todo mundo estaba más que dispuesto al desmadre: Por alcohol y varo no iban a parar.

Con madera y gasolina hicieron una fogata, y la música corrió a cargo del dueño del Civic, quien traía un impresionante equipo de audio, además de haber arreglado su nave acorde a la moda impuesta por la película "Rápido y furioso". Daniel no sabía nada de coches ni de música electrónica, a él le gustaban el rock y las motos, pero nunca se negaba al desmadre. Sobre todo con morras tan lindas como las que habían jalado con ellos.

Se la pasaron chupando y bailando. Avanzo la noche, y Daniel no tardo en darse cuenta de que la mayoría de los presentes eran “de ambiente”, lo cual no le molesto en lo más mínimo, más bien despertó una especie de fascinación por conocer gente diferente. En algún momento de la peda, se entretuvo platicando con dos aspirantes a filósofos: David y su amigo "Meme". David les ofreció un toque, y se subieron a la Lobo para darse un encerron y seguir la conversación.

Aunque la plática era amena e interesante, no dejaba de ser plática de borrachos, y comenzaba a aburrirle, hasta que Meme menciono "El beso de la serpiente", lo cual volvió a captar la atención de Daniel. Comenzó a interrogarlo sobre el significado de esa frase, pero el efecto del alcohol y la weed le quitaban elocuencia a su interlocutor. Daniel se quede ido por todas las cosas que en ese momento pasaban por su mente. Cuando reacciono, vio que David y Meme discutían. David se bajo del coche, encabronado. A Meme se lo cargo el payaso. Después le pregunto:

- ¿En verdad quieres saber lo que es El beso de la serpiente?-

La pregunta lo tomo por sorpresa, pero dijo que sí. Meme sonrió sin quitarle la mirada, y su sonrisa se volvió una mueca. Comenzó a buscar algo en su abrigo. En su viaje, Daniel llego a pensar que Meme era un psicópata que se disponía a acuchillarlo. Por fin saco ambas manos del abrigo, y las extendió con los puños cerrados frente a él. Después dijo:

- Escoge una mano.-

Escogío la izquierda. Meme puso la palma hacia arriba y abrió los dedos. Daniel comenzó a reír como estúpido cuando descubrio una Happy face en la palma de su mano. Cuando logro contener la risa, Meme puso el acido en su mano y le dijo:

- Este es el primer regalo de muchos que te hare.- Inmediatamente después, lo beso.

Lo tomo por sorpresa, pero le contesto el beso. Después, la moral inculcada desde niño, y los estúpidos prejuicios, salieron a la superficie, y lo empujo violentamente. Meme no se quito, rodeo su cuello con su brazo y se apretó con fuerza para no despegar sus labios. Raúl tuvo que golpearlo fuerte en la cara para que lo soltara. Meme no paraba de reír mientras Daniel le pegaba para tratar de bajarse del coche. Alguien se dio cuenta, y llegaron a separarlos.

Raúl y otro tipo los separaron. Finalmente, Angie y Valeria, dos chicas que habían conocido esa noche, y a las que también les gustaba el rock, lo subieron al Audi para calmarlo. Valeria conecto su Iphone, y puso música. Angie destapo una Indio para cada uno. Daniel se quedo platicando con ellas, y les conto el por qué del pleito (aunque “olvido” mencionar que él le había contestado el beso). Ellas, cagadas de la risa, lo traían de bajada diciéndole que era "gay de cajuela", y lo hicieron reír mucho.

Ajenos a la fiesta que se desarrollaba allá afuera, los tres cantaron y brindaron con Alice in Chains, Pearl Jam, y Silverchair de fondo. Comenzó “#1 zero” de Audioslave, y ellas comenzaron a cantarla y bailarla sensualmente. Daniel estaba en medio de las dos, y ellas subieron de tono sus juegos, para ponerlo nervioso. Angie tomo a Valeria del cuello, y la beso suave, pero apasionadamente. Llego un momento en que estaban tan concentradas besándose, que acabaron trepadas en él como si no existiera o fuera una parte más del asiento. Decidió darles espacio, y salió del coche con el pretexto de ir por otro pomo.

Afuera, el desmadre y las conversaciones de borrachos seguían, pero no se veía por ningún lado al imbécil de Meme. Fue a la Lobo, tomo una botella de Chivas y tres vasos jaiboleros. Lleno una bolsita de plástico con hielos, y cerro. Una pareja cogía frenéticamente, como perros, apoyados contra la caja de la Lobo. Dos cabrones se besaban tiernamente, a un lado de la fogata. Todo mundo bailaba y tomaba. De regreso al coche pasó junto al Civic, y vio que Meme estaba dormido en el asiento trasero. Invadido por una inexplicable furia, Daniel abrió la puerta del coche y comenzó a golpear a Meme en la cara, con fuerza. El tipo estaba tan intoxicado que solo movía la cabeza como muñeco, pero no hacia señal de estar despierto o sentir dolor. Se detuvo hasta que se lastimo la mano de tanto golpear. Saco cinco HF de su chamarra, y cerró la puerta.

Cuando regreso al coche, las chicas platicaban y fumaban weed. Lo sentaron en medio otra vez. Les sirvió un whiskey en las rocas. Se lo tomaron en lo que escuchaban "Judith", de A Perfect Circle. Angie, sentada a su izquierda, le pregunto al oído:

- ¿Aun quieres saber lo que es El beso de la serpiente? -

Daniel se rio y dijo que sí. Valeria puso "Voodoo", de Godsmack. Angie dio un largo jalón al grueso porro que estaba fumando. Retuvo el humo y se acerco para besarlo. Sus labios se unieron. Ella dejo escapar lentamente el humo hacia la boca de el. Fue un momento sensual y eterno. Repitieron lo mismo tres veces más.

Mientras Daniel aun paladeaba la última bocanada, Valeria dio un último jalón al porro, y aventó la bacha por la ventana. Angie se acerco a él, y de nuevo se besaron apasionadamente. Después, tomo a Valeria del cuello, le dio un beso de lengua, y la acerco para que también ella lo besara. El beso entre ambos fue aun más intenso y duradero.

Sus lenguas se enredaban y acariciaban. No, no eran lenguas, sino cuerpos sudando, deseo hecho saliva. "Ava adore", de los Smashing Pumpkins, era el soundtrack de sus ardientes palpitaciones. Angie bajo la cremallera del pantalón de Daniel, se agacho, hizo a un lado el bóxer, y tomo con una mano su miembro, firme y ansioso, para sellar sus labios alrededor de el. Se movia de arriba a abajo acompasadamente, con maestría. Daniel metió la mano bajo su blusa, para acariciarle la espalda. Desabrocho su bra. Estiro su mano hasta acariciar, por debajo de la falda, sus nalgas. No traía ropa interior. Con el otro brazo rodaba la cintura de Valeria. Esta tomo suavemente la mano de el, y la metió en su pantalón, entre sus muslos. Ella acerco sus labios al oído de él, para mordisquearle el lóbulo derecho. El introdujo sus dedos índice y anular dentro de ella, haciéndola gemir de placer. Como si se tratara de un músico ejecutando hábilmente su instrumento, la hizo vibrar. Valeria termino primero. Un fino y agudo gemido, justo en el oído de Daniel, anuncio la llegada del orgasmo. Inmediatamente después, termino él.

Angie se limpio la boca, y sonrió maliciosamente. Después beso a Daniel. Valeria se unió a esa compleja, y ahora multitudinaria, danza de lenguas. El saco tres ácidos. Puso uno en la boca de Angie, uno en la de Valeria, y tomo uno para él. Angie se paso en medio de los tres. Se quito el bra y la blusa. De un lado, Daniel comenzó a besar uno de sus senos. Valeria hizo lo mismo con el otro. El metió su mano bajo la falda, acaricio sus muslos, introdujo sus dedos en el cuerpo de ella, y acaricio con su pulgar, lenta y circularmente, la hendidura que coronaba el monte de Venus. Despues la beso suavemente. Valeria se quito la ropa, y los otros dos la siguieron. Angie se volteo hacia Valeria. La tomo del cuello para besarla apasionadamente, y metió su mano entre sus muslos. Valeria la aferro de la cintura, y la toco de la misma forma. Se recostó en el asiento, y Angie quedo a gatas sobre ella. Daniel se puso un condón, y se alegro de haber estado prevenido. Con trabajo, debido al reducido espacio, se acomodo para montar a Angie. La penetro. Con suavidad al principio, pero gradualmente subió el ritmo, hasta llegar al frenesí.

El mundo dejo de existir. Solamente estaban ellos. Con su sudor, con cada sensación extrema que experimentaban sus cuerpos, con el delicioso y sofocante calor que los envolvía, con los vidrios empañados por el vaho, con la música que retumbaba allá afuera. Dentro, "Sex type thing", de los Stone Temple Pilots, se mezclaba con sus gemidos. Finalmente, el mundo exploto. Después, el abandono.

Agitados y cansados, pero felices, se voltearon a ver, y rieron como chiquillos. Valeria abrió un poco la ventana. El aire frio de La marquesa los refresco. Encendió un cigarro, y lo compartieron los tres. Eran las 3:47 am. Después del cigarro, comenzaron a vestirse, en silencio. Ocasionalmente se besaban unos con otros, tiernamente, entre suaves caricias.

En eso, se escucho un rechinar de llantas allá afuera. Luego gritos, y una discusión. Por la ventana vieron a un grupo de hombres armados, entre los que estaban los policías a los que habían sobornado, bajando de dos Tsuru sin placas. Daniel les dijo a ellas que se quedaran ahí, que apagaran el radio y no se movieran. Se bajo del coche sin hacer ruido, con el bastón del volante en mano. Nadie lo habia visto. Cerró la puerta y, apenas se alejo unos pasos, recibió tres balazos en el pecho. Cayó al suelo de rodillas. No entendía lo que estaba pasando. Desde el suelo podía escuchar gritos y amenazas. Veía personas correr por todos lados. Escucho más disparos. Su mente estaba en blanco. La vida se le escapaba lentamente del cuerpo, a cuenta gotas. Cerró los ojos y expiro. Fue mejor así. Nunca lo supo, pero esa noche él fue el más afortunado.

domingo, 1 de abril de 2012

De las cenizas


Esa mañana, con fusca en mano, Fernando había decidido quitarse la vida. No, aun no tenia fecha fija, solo pensaba que tenía que ser antes de su siguiente cumpleaños, pues no tenia motivo para festejar. Había considerado varias opciones, finalmente, se decidió por darse un tiro, pues con pastillas cabía la posibilidad de quedar vivo, y ahorcarse le parecía desagradable (alguna vez había leído que les quedaba la lengua de fuera y se les vaciaban los esfínteres, es decir, se cagaban). Cortarse las venas, imposible: Nunca había sido capaz de hacerse daño a sí mismo.

Había vivido muchas cosas, tanto buenas como malas, pero simplemente estaba hasta la madre de todo y de todos, principalmente de sí mismo. Y no es que su vida fuera particularmente mala o trágica, mas bien, tenía una historia algo común en el México de hoy en día: Hijo de padres alcohólicos, encontró a temprana edad un escape a la pobreza, violencia y desolación que reinaba en su casa y su colonia mediante dos formas: Leyendo y robando. Cuando no estaba con los cuates, asaltando Oxxos, peatones y camiones, era seguro que podías encontrarlo aplastado en Coyoacan, leyendo. Si, era el típico chilango gandalla y rata, pero con la escuela trunca hasta la preparatoria, y sin trabajo, ambas actividades se habían vuelto indispensables para sobrellevar sus penas.

Ese día en particular, Fernando se despertó pidiendo una señal a la vida. Si, era algo cursi, digno de la rosa de Guadalupe, pero se sentía desesperado. Ya no encontraba opciones para salir de ese lamentable estado emocional en que se encontraba. Tenía las mismas ganas de vivir que de morir. Dentro de toda aquella telenovela que había creado en su cabeza, tenía pensado volarse los sesos en un hotel (eso sí, sin cartita mamona). Si se pegaba un tiro, pensaba, a nadie le importaría. Bueno, a nadie más que al pobre cabron que tuviera que limpiar sus sesos de donde quedaran embarrados.

En busca de aquella señal, y con la esperanza de aclarar su mente, decidió dejar su residencia en Santo Domingo, es decir, la Santocho, e ir a chingarse un par de libros al Sangrons de San Jerónimo, donde ya eran clientes. Guardo la 45 bajo la cama, se puso su ropa más decente, y se dirigió por su botín. Ya en el famoso lugar de los tres búhos, mientras buscaba algo de su agrado, una pareja, que se veía de varo, discutía acaloradamente (y también estúpidamente, ya que trataban de hablar en voz baja, como si nadie se hubiera dado cuenta de su numerito). Decidió ignorarlos y eligió "Tokio blues", de Murakami, y un grueso libro que incluía la poesía completa de Borges. Después de asegurarse que nadie lo veía, escogió un punto ciego para la cámara en el techo, justo detrás de un estante, y se guardo los libros bajo el brazo izquierdo, ocultándolos con la chamarra. Acto seguido, trazo un discreto "pitito" a la cámara (emeeleeme). Camino hacia la salida. La pareja estaba por la puerta, prácticamente gritando. Súbitamente, el tipo abofeteo a la chica y la saco de los cabellos, como buen cavernícola.

A pesar de todas las cosas malas que había hecho, Fernando nunca hubiera podido golpear a una mujer. No después de ver como su padre había hecho lo mismo con su mama durante 20 años. Alcanzo a la pareja y trato de hacer entender al cavernícola, pero este no la soltaba, al contrario, la jaloneaba con fuerza. La chica lloraba, y eso lo hizo encabronar. Sin más remedio, le dio un derechazo fuerte, justo en el hocico, al cavernario. El tipo soltó a la chica. Aturdido, se limpio la sangre con la mano. Dudo un momento y, acto seguido, el cavernícola se aventó a los putazos contra él. Los de seguridad del establecimiento salieron a ver qué sucedía. Fernando golpeaba y mantenía a raya al tipo con una sola mano (lo cual se veía muy gay), pues con la otra trataba de ocultar y sostener los libros. El tipo lo aventó contra la pared, y soltó los libros, los cuales cayeron justo a los pies del personal de seguridad de la tienda.

Por un momento, todos se quedaron inmóviles, asimilando la situación: Los chismosos que se había juntado para ver el pleito, la pareja madreador/madreada, los orangutanes de seguridad, y Fernando. Uno de los orangutanes le dijo:

- Va a tener que acompañarnos para pagar esos libros.-

Sin pensarlo, se echo a correr a todo lo que daban sus piernas, quizá un poco más. Cruzo, casi sin fijarse, avenida San Jerónimo, sorteando los coches que circulaban a toda velocidad en uno y otro sentido. Eso, y el hecho de que corría bastante rápido, le dio mucha ventaja sobre los orangutanes. Volteo a ver qué tan cerca estaban, y vio que les llevaba una considerable distancia. Corrió entre las calles, hasta que llego al Periférico. Se asomo a ver si pasaba un taxi. Nada. Se agacho un poco, apoyando sus manos sobre las rodillas, mientras recuperaba algo de aire. Putos cigarros. A pesar de eso, lo había conseguido. Estaba riéndose mentalmente, es decir, tragando camote, por lo que apenas pudo escuchar, y ver de reojo, la moto que lo atropello por la izquierda. Después supo que un amable espectador de todo el show afuera del Sangrons se había ofrecido a llevar a uno de los orangutanes para alcanzarlo y cortarle el paso. Cuando lo alcanzaron, los cabrones decidieron arrollarlo.

Fue tal el putazo, que voló un par de metros por los aires, solo para impactarse contra el parabrisas de un coche que venía por la misma calle de la que él había salido. Si, probablemente era el único imbécil en la historia a quien habían atropellado dos veces. Rodo por el cofre y cayó al suelo. De inmediato trataron de levantarlo, pero era inútil, el cuerpo no le respondía. Mentalmente, trato de hacer una especie de inventario para ver si no se había partido algo (además de la madre). Fue en vano. Escuchaba gritos, y sabía que iban dirigidos a él, pero los escuchaba como en un eco lejano. Estaba en shock.

Llegaron los puercops. Entre poemas, halagos, y finas frases filosóficas, lo esposaron con las manos a la espalda, y lo subieron a una unidad. Una señora trataba, inútilmente, de defenderlo, alegando que lo acababan de atropellar. Todo mundo tomaba fotos, seguramente para subirlas a Facebook y Twitter. Irónico: Lo habían agarrado por el menor de sus delitos. El coche y el motociclista se dieron a la fuga (putos todos). Después, todo fue una confusa sucesión de eventos: Lo llevaron al ministerio publico; le tomaron fotos de frente y ambos perfiles, eso sí, evitando que salieran los madrazos (hasta photoshop han de haber usado los culeros); extrajeron de su credencial de elector sus datos, le hicieron quitarse la playera y fotografiaron sus tatuajes (dos, uno de un dragón y otro de la virgen); lo llevaron con el médico legista, el cual determino que no tenia lesiones serias, solo raspones, cortaduras y hematomas. Finalmente, aun esposado, lo hicieron pararse frente a las galeras, dándole la espalda a policías, testigos y funcionarios. Le recordó a la forma en que su padre lo castigaba de niño, con las manos arriba y viendo hacia la pared, después de haberle dado de cinturonazos ("pa que se hiciera más macho", decía el pendejo).

Lo mando llamar el MP. Le pidió un número de casa para hablarle a un familiar. Ellos no tenían teléfono, y así se lo hizo saber. El MP le dijo que tenían tres días para encontrar a sus familiares y resolver su situación, o seria consignado al reclusorio. Fernando sabía perfectamente lo que su padre iba a decir cuando supiera: "Además de ratero, pendejo y bueno para nada. Llévenselo, a ver si en la peni lo enseñan a ser hombrecito, o acaba volviéndose puñal de una buena vez."

El MP quedo en mandar buscar y localizar a sus padres, y lo regresaron al rincón. Después de un rato, le quitaron las esposas y lo pasaron a una oficina, donde lo esperaban cuatro judas que parecían jugadores retirados de futbol americano. Hicieron inventario de sus valiosas posesiones, que eran una cartera con un billete de 20 pesos, su credencial de elector, y algunas tarjetitas promocionales de table dance, además de cinco varos de chicles (pa matar el hambre), quince pesos en monedas, y su celular. Mientras firmaba, cerraron la puerta. Amablemente (y esto es en serio), uno de los judas le dijo:

- Mira, güero, nuestro trabajo aquí es hacer las averiguaciones, checar si no tienes antecedentes, si no se te menciona en alguna otra averiguación, ir al lugar de los hechos y hablar con testigos, además de checar el video de seguridad, etc. Con el MP te puedes arreglar con diez mil varos, así no pagas la fianza de veinte. Nosotros no te estamos vendiendo tu libertad, pero de nosotros depende si te chingas o tienes chance de salir bajo fianza. ¿Cuanto vale para ti nuestra ayuda? -

"¡Veeeeeeerrrrrga!", pensó Fernando, pues no tenía ni para caerse muerto. Ni soñando podría pagar la mordida para el MP y para los judas, menos una fianza de veinte mil. Además, no estaba seguro de si tenía antecedentes después de aquel asunto a los diecisiete, cuando fue a parar al tutelar por madrearse en un centro comercial y atravesar, junto con el otro cabron, el aparador de una tienda de ropa. Aquella vez solo estuvo guardado un par de días, después lo dejaron ir, lo pusieron a jugar futbol los domingos, y tuvo que visitar a una tutora dos veces por semana. Eso no había sido nada, ahora si se lo estaba alzando la chingada. Viendo la cara de "me cago" que debió de poner, otro de los judas dijo, dizque para animarlo:

- Mira, nosotros tenemos que subir tus fotos a la red, y por tu tipo, rapado y con tatuajes, van a salir como quince denunciantes asegurando que tú fuiste el culero que los asalto. La gente no anda buscando quien se la hizo, sino quien se la paga. Si llegamos a un acuerdo contigo, te ahorramos todos esos pedos, te tenemos aquí viendo televisión en lo que se arregla el papeleo, y hasta te traemos tu cena. -

Fernando trago saliva y, después de darle muchas vueltas al asunto (con lo que se vio todavía más puto), les dijo que no tenía un pinche quinto, y su familia tampoco. Lo pasaron a las galeras.

En la galera estaba un chavillo con pinta de tragafuegos (negro cabronizado, flaco, apestoso a thinner, y con el tic de llevarse un chemo imaginario a la nariz), cuyo delito había sido arrebatarle el bolso a una señora y que, para su mala suerte (es decir, por pendejo, igual que él), había chocado de frente con dos policías. También había un borracho trajeado que había derribado con su troca un poste de luz (el típico "¡Déjame ir, jodetuinchemadre! ¿No sabes quién soy? ¡Háblale a tu comandante!"). Completando la tercia de ases, había un cholo en la galera. Este último le pregunto:

- ¿Por qué te trajeron? -

-Por robarme dos libros. - Contesto ruborizado, como puta de La Merced.

El cholo se rio.

- ¡No mames! A mí me trajeron por asaltar y golpear a un cabron...-

Bastante adolorido y aun en shock, dejo de ponerle atención al cholo, pues no estaba de humor para sus mamadas. De repente, el cholo le dio un zape y le dijo:

- ¡Te estoy hablando, pendejo! -

Fernando se levanto rápidamente, sin perder la compostura, y sutilmente le dijo:

- ¡Bájale de huevos, puto! -

El cholo lo agarro de la playera y lo azoto de espaldas contra la pared. Fernando le dio un cabezazo que de inmediato le floreo el hocico. Rápidamente, el borracho y el tragafuego se interpusieron entre ambos. Los judas abrieron la puerta de la galera.

- ¿Que está pasando aquí? -

- Nada, solo queríamos ver si nos estaban poniendo atención. - Pensó, pero no lo dijo.

Fue el borracho el que rajo.

- A ver, pinche güero, te me vas a estar quieto o te mando a la verga. - Le dijo un judas, en perfecto español catalán.

No hubo tiempo de demostrarles que podía estarse quieto y que, por obra del espíritu santo (si, el que embaraza), se había rehabilitado milagrosamente, pues de inmediato lo mandaron a la verga (es decir, a una galera mas apestosa a orines y vómito que la otra, pero eso sí, para él solito).

Pasaron horas. Sentado ahí, solo, madreado y hambriento, tuvo tiempo de sobra para pensar. Toda su vida había sido un puto agujero. Siempre se había sentido arrastrado por las madrizas en su casa, la hierba, las chelas y los atracos con los cuates. Estaba emputado con el mundo, por negarle cosas que él consideraba básicas para triunfar en la vida, como lo eran el trabajo, la escuela y el amor. Pero esta vez todo era distinto, pues había acabado ahí por malas decisiones que el solo había tomado. No se arrepentía por haber ayudado a esa chica. Quizá era lo único bueno que había hecho en su miserable vida. Le dolía saber que estaba ahí, a punto de ser llevado al reclusorio, por haber elegido vivir como rata.

Como pudo, se acomodo para dormir. Hacia frio, apestaba, y era completamente incomodo estar en la galera. Entre sueños, pensó "¿Es esta la vida que me toca vivir, sin esperanza y hacia abajo?" Fernando era bastante cínico, y en otro momento le hubiera valido madres y se  hubiera chingado con los seis meses que pasaría guardado en el bote por un delito menor (aunque sabía que allá dentro no estaría de vacaciones). Pero este día era distinto, pues había pedido una señal, y esta había llegado en confusa y desalentadora forma. Seguía cayendo. Entonces, las lágrimas rodaron por su mejilla. Quería vivir, quería ser libre, y quería llevar una vida distinta a la que hasta ahora había llevado, solo que ya era demasiado tarde para cambiar. En eso, abrieron la galera.

- Levántate, güero, ya puedes irte. -

Confundido, por no decir apendejado, salió de la galera. El MP lo llamo.

- Tienes suerte, pagaron tu fianza. Pero debes de pensar en que la vida que estas llevando no es la correcta. Hoy volviste a nacer, chavo. Te atropellaron, estabas con un pie en el penal, y aun así la libraste. Me dijeron que corres como la chingada, pero eso no importa, pues no puedes huir de ti y de las consecuencias de tus actos. Cometiste un delito menor, pero si vuelves a caer con nosotros, ya no podrás volver a alcanzar fianza. Anota este número de acta, no te voy a dar copia del documento, pero aquí dice que el apoderado legal que enviamos a representarte consiguió un perdón de parte de la tienda, pero no puedes volver a poner un pie ahí. Eres libre, de ti depende lo que pase de aquí en adelante. -

Fernando tenía ganas de chillar como Magdalena, pero se aguanto y ni siquiera hizo pucheros, pues era bien machín. No hizo preguntas, así de pendejo era. Anoto el número de acta en un papel, le dio la mano al MP, y salió con la cola entre las patas.

Mientras bajaba las escaleras, pensó y agradeció el discurso evangelizador que acababa de recibir. "Ese compa debió de ser político, me cae". Hacia frio, pero el aire fresco (con su buena dosis de smog), le hizo bien. Eran las tres de la mañana. No tenía idea de quién y por que habían pagado su fianza, pero ese sería un misterio para otro día. Se cagaba de hambre, y le esperaba una buena caminata antes de llegar a su tan anhelada cama (¿No que muy machín?). No sabía qué hacer, ni por dónde empezar, pero estaba decidido a cambiar. Nunca más volvería a robar, y haría hasta lo imposible por regresar a la escuela. Mañana mismo iría a pedir chamba a un call center donde trabajaba un amigo. Sabía que lo iban a explotar los culeros, pero al menos ganaría dinero de forma honrada. Apenas puso un pie fuera de la delegación, una linda pelirroja, que estaba recargada en un Beetle justo enfrente del edificio, le dijo:

- Hola.-

Era hermosa, y tenía una blanca y angelical sonrisa. Un moretón resaltaba en su pómulo derecho. De inmediato la reconoció como la chica a la que había defendido en la tarde. Contra su pecho abrazaba los libros de Murakami y Borges.

- ¿Tienes hambre? Te invito a cenar, y platicamos.-

Aquello era un buen comienzo.