Después de una violenta discusión
por teléfono con Angélica, mi novia, estrangulé a Misha, mi gatita. Perdí el
control, no quería hacerlo. Estaba echada en mis piernas, sobre las cobijas,
así que la envolví en ellas, para que no me rasguñara, y apreté fuerte su
cuello. Ni siquiera lo pensé, fue un impulso súbito, que ejecute de inmediato.
Ella trataba frenéticamente de liberarse, y yo apretaba con más fuerza, hasta
que, finalmente, dejó de moverse. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, el
vacío en el estómago que me había acompañado todo el día, y la desesperación,
se hicieron aún mayores. Lloré como no lo hacía desde niño, mientras la abrazaba
y repetía su nombre, sinceramente arrepentido. Me levanté de la cama y tome su
cuerpecito entre mis brazos, con la intención de llevarla de inmediato al
veterinario. Confundido, y quizá en busca de consuelo, le hablé a Angélica.
Pensé en decirle la misma mentira que le diría al veterinario, que así la había
encontrado. El teléfono sonó tres veces, luego se cortó la llamada. Seguramente
me colgó, como acostumbra hacer cuando está enojada. Insisto, pero el teléfono
está apagado. Voy llegando a la puerta de salida cuando Misha reacciona. Un
pequeño y lastimero maullido. La abrazo y vuelvo a llorar. Esta débil, pero
bien. La llevo de regreso a la cama, y se queda dormida echa bolita junto a mí.
También yo me quedo dormido, abrazándola.
*
Cuando estoy con Angélica todo es
perfecto. Me cubre de amor, y siempre tiene detalles conmigo. Platicamos,
reímos, hacemos planes a futuro, nos la pasamos bien. Pero cuando platicamos
por Facebook o Whatsapp, no la soporto. Se vuelve una persona completamente
distinta. Es fría, arrogante, paranoica, cortante, ofensiva e irracional.
Incluso he llegado a pensar que es otra persona la que está al otro lado de la
línea. Ayer discutimos, como siempre, por una estupidez. Se enojó porque una
amiga, a la que según Angélica le gusto, le dio "like" a algo que
escribí. Como siempre, terminé pidiéndole disculpas. Pero ella no sabe
perdonar, y una vez que se enoja, no se detiene hasta que ambos explotamos. Me
insulta, me manda a la chingada, y me ignora todo el día. No contesta mis llamadas,
mensajes, inbox y Whats. No soporto que me ignore, y eso es lo que me hace
perder el control.
*
Después del episodio con Misha,
Angélica viene a verme. En un principio me emociona y da mucha alegría verla.
En otras ocasiones, cuando peleamos, ella llega de sorpresa a mi casa para
hacer las paces. Me lleva de comer, o algún regalito, y vuelve a ser la misma
mujer tierna de la que estoy enamorado, pero esta vez no es así. Viene decidida
a terminar conmigo. Le pido que hablemos, pero no quiere escuchar. Me pide que
le regrese las cosas que me ha regalado, le digo que no. Trató de calmarla,
pero está furiosa. Discutimos, y ambos decimos cosas de las que después
habremos de arrepentirnos. Ella me cachetea en dos ocasiones. La detengo de las
muñecas y caemos a la cama en un violento forcejeo. Cuando por fin se calma, le
digo que la voy a dejar ir, que la amo, pero que no volveré a buscarla ni
molestarla. Nos levantamos, caminamos hacia la puerta, y entonces me besa y me
dice que no quiere perderme. Nos besamos apasionadamente, y comenzamos a
desvestirnos, pero yo no puedo lograr una erección. No puedo excitarme. Es como
si mi cuerpo y mi mente estuvieran en distintos lugares. Entonces ella pone mi
miembro en su boca, y por fin comienzo a sentir. Me monta, y cogemos fuerte.
Angélica entierra sus uñas en mi piel, rasguñando en varias ocasiones mi pecho
y abdomen. La amo, pero me aterra ver el rencor que me tiene. Después del
orgasmo, caemos rendidos uno en el cuerpo del otro. Se recarga en mi pecho, y
antes de quedarse dormida, me dice que me ama. Entonces me siento inmensamente
feliz, hasta que veo los moretones que dejé en sus muñecas cuando la detuve.
*
Duermo. Mis sueños son una mezcla entre actos pornográficos inacabados e imágenes de violencia extrema.
*
Hoy estuvimos todo el día
tranquilos. No pudimos vernos, pero nos escribíamos. Por la noche salí a comprar
algo de cenar, pero olvidé mi celular en la casa. No le di importancia, pero al
regresar tenía varias llamadas perdidas de Angélica, y mensajes donde me decía
lo encabronada que estaba por no contestarle. Pasó las siguientes dos horas
tratando de calmarla y explicarle, pero es inútil. Ya no sé cómo disculparme, o
qué más decirle, entonces exploto. Apagó el teléfono, y salgo a cazar.
*
Cada que mato a alguien veo en
esa persona a mi padre. Algún gesto, una palabra, o su apariencia física me lo
recuerdan y detonan toda la ira contenida en mí. Odiaba su violencia, su
machismo, su estupidez. Por eso busco tipos que me lo recuerden. La primera vez
qué lo hice fue obedeciendo un impulso incontrolable. Le destroce la cabeza a
un desconocido con un bat de baseball. Fue un porquerillero. Aunque fue
agradable liberar toda esa cantidad de energía, no me gustó quedar empapado de
sangre. La segunda vez puse una cobija sobre la cabeza antes de machacarla. Fue
limpio, pero me sentí estúpido. Después quise probar algo distinto, y degollé
al individuo. De nuevo fue sucio, pero me gustó su resistencia ante lo
inevitable, y someterlo. Ayer, tras lo de Misha, por fin descubrí el que habrá
de ser mi método.
*
Conozco desde hace años a este
vecino. Su esposa lo abandonó hace poco, y se llevó a los niños. Hace unos días
me enteré que el tipo les pegaba. Entró sin hacer ruido por una ventana que
rompí hace dos días con una pelota. Estando en la sala, tiró un vaso de vidrio
al suelo, y se rompe escandalosamente. Espero escondido a que el salga a ver
qué sucedió. Entonces, en medio de esa oscuridad parcial, a la que mis ojos ya
se acostumbraron, rodeo su cuello con un cable, y aprieto con fuerza.
Forcejeamos con violencia, como si estuviera montando un toro mecánico. Tiramos
la mesa y chocamos contra el sillón. Finalmente logro someterlo, y siento como
su vida se apaga tras una exhalación. Un negro silencio llena el ambiente. ¿Me
siento mejor? Sí, pero es un placebo. Me recuesto boca arriba, y con las
extremidades extendidas y relajadas, al lado del cuerpo, en el suelo frío.
Permanezco unos minutos ahí, en completa calma. Incluso mi cabeza se siente
limpia y vacía de pensamientos. Entonces una lágrima escurre por mi mejilla.
¡Dios! ¡Que ganas tengo de que Angélica me abrazara!
