domingo, 21 de octubre de 2012

Rockstar



Recuerdo que al principio era solo un chiquillo que idolatraba a Kurt Cobain (o a si me lo parecía, ya que en realidad admiraba a Layne Staley). El clásico "friky" de la escuela, proveniente de un hogar disfuncional: Su papa tomaba mucho, y le pegaba a su mama. Lo recuerdo con los pantalones de mezclilla rotos de las rodillas, botas militares, y sudaderas rotas de las mangas, que usaba a manera de guantes; el cabello largo, castaño y quebrado, siempre le cubría la cara. Se llamaba Dorian.

Se sentaba en un rincón, siempre solo, a escuchar su música a todo volumen en una pequeña grabadora. A mis amigas y a mí, que presumíamos de ser las fresas de la escuela, nos horrorizaba lo que escuchaba, pues parecían puros gritos. Nadie se metía con él, y el día que alguien lo hizo, burlándose de su nombre, acabo con un ojo morado. Llegaba a la prepa en su moto sin saludar a nadie, y se iba sin despedirse. Era el chico rudo de la escuela, y eso, sin que él lo supiera, le funcionaba con las chicas

Permanecía callado todo el tiempo, durmiendo descaradamente en su banca o escribiendo en una libreta cuyo contenido guardaba celosamente, y que más tarde habría de transformar en las letras de sus canciones. Solo abría la boca para participar o debatir en las materias que le interesaban, que eran Literatura, Filosofía, Psicología, etc. No tomaba, no fumaba, y no tenía amigos. Yo, en secreto, sentía fascinación por él.

Le perdí la pista al terminar la prepa, pero supe que acabo a golpes con su padre unos días después de la graduación, y se fue de su casa. Era curioso, todos hablábamos de él, pero nadie hablaba con él. Yo entre a la universidad, a Diseño grafico, y me olvide de todo. Fue hasta años más tarde, durante una reunión de la prepa, que me entere que tocaba la guitarra y cantaba en un grupo de rock llamado "Ruleta rusa". Diana, quien había sido una de mis mejores amigas, era ahora novia de Paco, su bajista, y me platico como tenían mucho éxito como banda local, pero pronto grabarían un disco y hasta un video, cosa que los lanzaría a la fama. Me convenció de ir a verlos tocar a una guerra de bandas que organizaba el Hard rock live, y acepte.

El día del concierto, no sé por qué, me esmere por verme lo mas "rockera" posible. Diana paso con otras chicas por mí, y nos fuimos. El lugar estaba a reventar. Diana llevaba unos pases VIP que se les daba solamente a las novias de los músicos, y ante las rechiflas de la gente que esperaba formada, nos dejaron pasar sin hacer fila. Paco bajo a recibirnos junto con Charly, el baterista, y nos comentaron que Dorian y Beto, el otro guitarrista, se habían quedado tomando en el backstage. Paco nos platico que antes de tocar Dorian se ponía muy nervioso, y tomaba para relajarse, aunque a veces se le pasaban las copas. Nos conto también que durante los primeros toquines acostumbraba a cantar sentado, con el cabello cayendo sobre su cara, pues lo intimidaba la gente.

Cuando por fin llego el momento de tocar para Ruleta rusa, me quedo claro que eso de la timidez era cosa del pasado. Arranco la primera canción, y los cuatro músicos explotaron. Dorian rugía, brincaba y giraba sin perder el ritmo, movíendo la cabeza y describiendo círculos con el cabello. Su voz sonaba rasposa y grave, y de inmediato te hacía pensar en cigarro y alcohol. Era una canción rápida y furiosa que hablaba de velocidad y violencia en una ciudad oscura como lo puede ser el DF. La gente los miraba fijamente, nadie quería perderse un solo instante. Jugaban entre los cuatro, haciendo notar una complicidad casi criminal en la banda. Se coordinaban a la perfección, tanto en lo musical como en lo lúdico y salvaje de su presentación. Entre canción y canción, el público les aplaudía con entusiasmo. Esta de más decir que ganaron aquel concurso. Ese dia, Dorian se fue antes de recibir el premio, y ya no pude saludarlo. A partir de entonces, me volví fan de la banda, y no me perdí ya nunca una sola de sus presentaciones.

Viaje con ellos casi por toda la republica, donde tocaron en escenarios como el Cervantino, el FIP, el Hard rock de Cancun, el Kiss Lounge, el Bulldog, Rockutla, y varios festivales de motociclistas. Donde ibamos sucedia lo mismo: La gente no les quitaba la mirada de encima, ya fuera por admiracion o por envidia. Contagiaban con su musica, pero tambien con la energia que proyectaban. Arriba, en el escenario, Dorian se veia fuerte y seguro, pero apenas bajaba, desaparecia. El resto de la banda era quien aprovechaba la euforia de las chicas.

Dorian era un poco extraño, muchos incluso pensaban que era muy mamon, pero si se le trataba, uno pronto se daba cuenta de que era amable, inteligente, e incluso tierno. Nada más lejano a esa imagen de hostilidad que reflejaba en el escenario, y que era como yo lo había conocido en la prepa. Me gustaba mucho conversar con él, y pronto nos hicimos muy buenos amigos. Cuando se le pasaban las copas, se volvía el alma de la fiesta: Cantaba hasta banda, bailaba, hacia bromas, y a todo mundo le caía bien. Pero los pocos que llegamos a conocerlo bien, sabíamos que si seguía tomando, acabaría por hacer algo estúpido tarde o temprano.

Si, era algo mala copa. Cuando estaba borracho, a punto casi de caer desmayado (lo cual ocurría con frecuencia), se ponía a recitar poemas y fragmentos de canciones inconclusas. Seguido recitaba el famoso monologo de Shakespeare "Ser o no ser", tanto que hasta llegue a aprendérmelo. Pero eso no era todo; una vez fue a dar a los separos luego de discutir con unos policías que lo sorprendieron orinando en su patrulla. Esa vez pasamos toda la noche consiguiendo dinero para la fianza. A veces acababa a golpes con desconocidos por alguna estupidez, rompía botellas contra la pared o el suelo, se quemaba con cigarros, y tenía accidentes en la moto. Un día, llego a estar tan ebrio que se cago en los pantalones.

En una ocasión, mientras nos dirigíamos hacia el Oxxo para comprar más alcohol, y seguir la fiesta, de pronto se echo a correr y se aventó contra la ventana de una florería, atravesando estrepitosamente el cristal con su cuerpo. Rápidamente, entre Charly y Paco lo levantaron del suelo ensangrentado, y nos lo llevamos de inmediato a la Cruz roja, pues tenía una cortada que abarcaba desde el pómulo hasta la barbilla. Dorian reía como idiota, y olía a flores. Le dieron siete puntadas en el rostro, y cinco en el dorso de la mano. Mientras lo hacían, Dorian estaba como ido, sin gesto alguno de sentir dolor o nada mas. Lo llevamos al departamentito donde vivía solo, y a pesar de las protestas de Diana y Paco, decidí quedarme con él.

Mientras me despedía de los demás, Dorian entro al baño. Salió sin camisa y descalzo, pero aun con el pantalón de piel puesto. Sin percatarse de que yo aun seguía ahí, se dirigió a la cama y se dejo caer. De inmediato se quedo profundamente dormido. Me acerque a la cama y lo contemple. Pensé, no se por qué, en ángeles caídos, y me senté a llorar a su lado, desconsoladamente, pero en silencio. Me quite la blusa y el bra. Quería sentir su piel contra mi piel. Me envolví en las cobijas a su lado, y lo abrace apoyando mis pechos en su espalda. Bese sus hombros, y aspire su olor hasta que me quede dormida.

A Dorian lo seguían mucho las chicas, pero siempre estaba solo. Cambiaba de novia seguido pero no duraba mucho con ellas. Alguna vez me comento que ellas solo querían un acoston con un "chico malo", pero que no tenían intención de presentarlo con sus familias, ni de quedarse. El, como en la película de Eliseo Subiela, buscaba a "la que volaba", pero nunca la encontró.

Fue en noviembre del año pasado, mientras lo esperábamos para un evento en el Bulldog, cuando llego todo golpeado. Tenía el rostro irreconocible por lo hinchado y morado, y aun tenía sangre seca en la piel y en la ropa. Nos pidió un cigarro, y se recargo en el coche de Paco. Le temblaban las manos, y tenia horriblemente lacerados los nudillos. Todos esperábamos que nos dijera que había pasado, pero solo dijo "no podremos tocar hoy, perdón". Desde ese día, se fue para abajo.

Comenzó a beber más, y a faltar a los ensayos. Luego vinieron las drogas fuertes, y su adicción a la cocaína. Se volvió paranoico y se aisló de los demás. Paradójicamente, comenzó a hacer muchísimo ejercicio; también se rapo y cubrió su cuerpo con tatuajes. Parecía que no le importaba volver a tener novia, pero nos dijeron que varias veces lo vieron frecuentando prostíbulos. Un día me hablaron por teléfono, pues había tenido un accidente con su moto. Salvo el brazo izquierdo fracturado, no le había pasado nada, pero su moto fue pérdida total. Se había pasado un alto, y un tráiler le pego. Estaba borracho.

Después del accidente, parecía que estaba decidido a salir. Se inscribió en un programa de rehabilitación, y nos sorprendió a todos cuando un día publico en su muro de Facebook, lugar donde volcaba todos sus pensamientos y sentimientos, la Oración de la serenidad. Fui a verlo a su casa, y me sorprendió verla tan arreglada, con los libros acomodados en estantes y libreros, en vez de regados en torres por todo el suelo. No había una sola colilla de cigarro, o vasos con alcohol a medias, y había un costal de box, pesas, y un aparato para ejercitar. Me alegre cuando me platico que había conseguido un mejor trabajo, y que pensaba irse a Mazatlán de vacaciones. Me invito a ir con él, pero no pude, y no saben cómo me arrepiento de haberlo dejado ir solo.

En las fotos que subió a su perfil de su viaje a Mazatlán, se le veía muy contento. Cuando regreso fui a tomar un café con él y con la banda. Nos platico que había elegido Mazatlán porque ahí se desarrollaba la historia de una obra de teatro que le gusta mucho, "Los negros pájaros del adiós", y que cuando muriera quería que lleváramos la mitad de sus cenizas allá, y que las arrojáramos al mar. La otra mitad quería que las plantáramos bajo el árbol que está en mi casa. Me conmovió, pero también se me hizo un poco tétrico.

En octubre de ese mismo año, por fin Ruleta rusa termino de grabar su EP homónimo, y Beto consiguió que el booklet lo ilustrara José Quintero. Todos estaban muy contentos. Dos semanas después, ya habían grabado el video de su canción "Vive y deja morir". Nadie vio las señales. El dos de noviembre estrenaron en redes sociales su video, y fue un éxito. El EP se vendió como pan caliente. Iguana e Intolerancia los contactaron para hablar sobre un disco. De todo esto, Dorian ya no se entero, pues desapareció el primero de noviembre, después de escribir en su muro "Olvídenme y perdónenme". En vano tratamos de localizarlo por teléfono, para darle la buena noticia.

El 7 de noviembre, preocupados por Dorian, Beto, Charly y Paco fueron a buscarlo a su casa. Tocaron varias veces, pero no hubo respuesta. Paco dice que olía chistoso, y pensaron que se trataba de una fuga de gas, por lo que decidieron forzar la puerta. Ocupando el lugar del costal de box estaba Dorian, colgando del techo. Se había ahorcado varios días antes.

Contactamos a su familia para informarles. Su madre estaba destrozada. Por redes sociales dimos la terrible noticia al público, por si alguien quería presentar sus condolencias a la familia, o ir a despedirse de Dorian. Asistió muchísima gente a la misa. Después de cremarlo, y con el consentimiento de su familia, decidimos cumplir su última voluntad; plantamos la mitad de las cenizas bajo el árbol en mi casa, y la otra mitad las llevamos a Mazatlán, donde recorrimos los mismos lugares que se veían en sus fotos, antes de echar lo que quedaba de el al mar.

La banda logro reponerse con Thalía, una chica que, ademas de guapa, tiene una voz preciosa, y toda la actitud necesaria para ocupar el lugar de Dorian. Charly decía que no había otro hombre que pudiera ocupar su lugar. Deslumbrados por la belleza de Thalía, Ruleta rusa dejo de ser una banda local de culto, y se les abrieron todas las puertas; el público pronto se olvido de Dorian, pero yo nunca lo olvide.

Aun hoy, con los años que han pasado, no puedo parar de ver las fotos y escuchar las cinco canciones que grabaron con Dorian al frente. Fui una idiota por haberme dado cuenta de cuánto lo necesitaba hasta que ya se había ido. En uno de los versos de "Vive y deja morir", Dorian decía lo siguiente:

"Solo quiero manejar,
alejarme pronto de este infierno;
dirigirme rumbo al mar,
sumergirme en un sueño eterno..."

Y así lo hizo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Luces en el cielo



Las turbinas del avión se encendieron, y las pelotas se le subieron a la garganta. El sudor en sus manos aumentaba conforme iban acelerando; finalmente, despegaron. Siempre le habían dado miedo las alturas, aun así decidió mirar por la ventana, y confrontar el vértigo. Poco a poco la Ciudad de México fue quedando atrás, hasta que llego a parecer solamente un punto ubicado en Google maps. A lo lejos veía solo nubes, y más allá se levantaban, imponentes, el Popo y el Izta.

Una corriente de aire sacudió el avión. Genaro sintió como el color lo abandonaba de nuevo. Pidió un whiskey a la azafata, el quinto del día. No le gustaban los aviones, pero prefería eso a manejar casi doce horas hasta Cancún. Para su desgracia, Genaro, además de fatalista, tenía demasiada imaginación. Irónicamente, eran precisamente esas dos cualidades las que lo habían hecho un escritor de renombre.

En la hora y media que duro el vuelo, Genaro imagino cientos de posibles muertes; eso sí, un poco carentes de imaginación, ya que todas eran versiones mediocres de la escena de "El club de la pelea" en que se deshace un avión, el capitulo de "Lost" en que los protagonistas naufragan, y el episodio de "Dimensión desconocida" en que un gremlin trata de destruir la turbina de un avión. Y es que para él, que no sabía absolutamente nada de aeronáutica, aerodinámica, ni nada por el estilo, le parecía casi un milagro la forma en que un avión se mantenía en el aire, pero pensaba que el mismo principio que lo hacía elevarse y mantenerse arriba, podía precipitarlos súbitamente a una vertiginosa e inevitable muerte. Finalmente, llegaron al aeropuerto, donde Genaro apenas pudo contener sus ganas de besar, al más puro estilo Juan Pablo II, el piso.

Apenas puso un pie en el aeropuerto, una atractiva morena de ojos verdes se le acerco para ofrecerle un paquete para visitar Xcaret y Chichen Itza. Mientras la voluptuosa edecán hablaba, Genaro se imaginaba nadando en sus ojos, sumergiéndose entre sus muslos, recorriendo sus frondosos pechos. El iba solamente para descansar y escribir, y le valía madres volver a visitar dichos lugares, pero a todo dijo que si, con tal de conseguir el numero de aquella chica. Finalmente, hábil lobo de mar, consiguió su propósito. Incluso Mariana (así se llamaba), le llamo en ese instante a su cel para dejar registrado su número. Quedo de pasar al día siguiente a las nueve a su hotel para darle el tour en persona, y se despidieron. "Cuarenta y veinte", pensó Genaro. Ya era, oficialmente, un viejo rabo verde.

Llego al hotel, se registró y subió a su cuarto. Tenía una hermosa vista al mar y a la bahía, tal y como lo había solicitado. Saco de su maleta una botella, salió por hielos a la maquina, y se sirvió un whiskey en las rocas. Coloco su Ipod en el reproductor del cuarto y puso a Led Zeppelin a todo volumen. Se sentó en el balcón a ver el mar. No tenía ni puta idea de que era lo que quería escribir, pero ya llegaría algo. Se sirvió un par de vasos mas antes de quedar profundamente dormido.

Despertó cuando su estomago gruñía de hambre. Salió del hotel y se dirigió a Hooters. Pidió una hamburguesa, una Negra Modelo, y unas alitas. La mesera era amable y bastante bien formada. Genaro pensó en que le gustaría un buen revolcón con ella. Termino de comer, pidió la cuenta y dejo una generosa propina.

Regreso al hotel a bañarse. Hablo al servicio a cuarto para que le trajeran más hielos. En realidad eso era solo un pretexto. Tocaron a la puerta. El botones le entrego la cubetita de los hielos. Genaro aprovecho para preguntarle por un servicio de escort. El botones le dio la dirección de una página de internet. Genaro le dio una buena propina, cerró la puerta y saco su lap top. En la página había una especie de menú. Encontró a una cubana delgada, pero de muy buenas proporciones, llamada Valeria (supuestamente). A pesar de que sus suculentas medidas eran un buen incentivo para elegirla, lo que le había llamándola atención era su rostro angelical y sus ojos almendrados. Finalmente, lo que lo hizo decidirse por ella, es que leyó que practicaba el Candomble. Hizo una llamada y un depósito en línea. Por $800 dólares se acordó que Valeria estaría con el de 7:00 pm a 10:00 am. Le parecía excelente poder compartir una buena noche con una mujer así, ahorrándose el proceso de ligue y probablemente el de divorcio.

Cuando Valeria llego, se saludaron como dos viejos conocidos. Era mucho más hermosa en persona, pero Genaro no se dejo intimidar por su mirada transparente y su cuerpo de ensueño. Le ofreció un whiskey, y ella acepto. Bromearon un poco mientras se presentaban. Genaro le pregunto si ya había cenado, y la invito al restaurant del hotel. Ella pidió una ensalada Cesar, el un rib eye termino medio. Durante la cena, Genaro le pregunto algunas cosas sobre el Yoruba y los Orishas, pues pensaba escribir algo al respecto. Valeria, amablemente, contesto todas sus preguntas, e incluso le dio muchísima información extra. A pesar de que le ponía atención, la miraba embelesado. Amaba su acento, y su figura que quitaba la respiración.

Después de cenar, se dirigieron al Coco Bongo, donde ella lucio su figura con una espectacular gracia para bailar. El, aunque no era un bailarín espectacular (más bien, apenas promedio), hizo lo necesario para seguirle el paso. Valeria conocía a varios de los meseros del lugar, y consiguió que les regalaran una botella en la compra de otra. Ambos salieron hasta la madre de ahí.

Camino al hotel, Valeria saco algo de perico. Ambos esnifaron un par de líneas, y quedaron como nuevos. Llegaron a coger desenfrenadamente. Después de dos revolcones, Valeria quedo profundamente dormida. Genaro aun estaba bastante caliente, pero ya habría tiempo para coger en la mañana. Tomo lo que quedaba de la botella de whiskey, y salió al balcón sin hacer ruido, para dejarla dormir.

El mar estaba bravo, y rugía amenazadoramente. La oscuridad de la noche cubría todo con su manto. El vacio, y la imponente grandeza del mar, lo hicieron sentir frágil e insignificante. Pensó en los barcos que se perdían en medio del océano, en los cientos de naufragios, en los bestiales tsunami que arrasaban con todo a su paso. Imagino como una inmensa ola, que crecía desde las entrañas del mar, golpeaba la costa y destruia todo. Luego imagino que no era una ola, sino una creatura lovecraftiana la que salía de las profundidades del mar. Algo abominablemente indescriptible que exhalaba odio hacia la humanidad. Trago saliva, se sentó y se sirvió otro whiskey.

Si, era bastante cobarde, pero se sentía orgulloso de saber que siempre, de una u otra forma, confrontaba sus miedos irracionales. Así había sido desde niño. Recordó como aprendió a andar en bicicleta: Como le tenía pánico a caer y lastimarse, un día decidió subir a una pequeña pendiente, se trepo a la bici y se aventó a rodar. Al principio sintió como si el estomago se hubiera quedado atrás, pero luego ese miedo se fue disipando, hasta que pudo pensar con claridad.

Ese recuerdo le trajo paz. Decidió sentarse ahí, en calma, a disfrutar simplemente de la vista. Volteo a ver la bahía. A pesar de que ya eran las cuatro de la mañana, aun rebosaba de vida. Podía escuchar la música que provenía de todas partes de ese carnaval que era Cancún. Le llamo la atención unas luces en el cielo. Reflectores. Pensó en lo espectaculares que se veían a nivel del suelo, pero en lo estúpidos que eran desde su perspectiva, donde podía observar el cielo en total plenitud.

Súbitamente, dos luces se separaron del resto, y comenzaron a describir extraños giros. Genaro se quedo pensando en cómo podían manipular los reflectores en tierra para que la luz pudiera comportarse de esa forma. Por más que se quebró la cabeza, no encontró explicación. Las luces comenzaron a avanzar siguiendo la orilla de la playa, venían en dirección a su hotel. Las observo más de cerca: Parecían pequeñas tormentas, entre purpura y blanco, encerradas dentro de una nube. Incluso le pareció observar electricidad dentro de ellas. Se dio cuenta de que estaban pavorosamente cerca de él. Las luces en el cielo se apagaron repentinamente. Pasaron unos segundos, que a él le parecieron eternos, y el cielo se abrió. El ya se encontraba de pie. Una luz se abrió paso hasta llegar a él. Un extraño cosquilleo lo invadió cuando la luz lo toco.

- ¡Su puta madre! -

Valeria despertó cuando escucho a Genaro gritar desesperadamente. Cuando llego al balcón, aun pudo escuchar sus gritos alejándose en dirección al mar, pero no logro ver nada. Jamás volvieron a saber de él.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Ronin



Esa noche estaba solo en su casa, hasta la madre de tequila. En el estéreo sonaba a todo volumen el disco "Dirt", de Alice in chains, su banda favorita. Dio un largo trago a la botella, y como pudo se levanto hacia el baño. El tequila era noble con él. No importaba que tanto bebiera, no le causaba malestar alguno, y  cuando estaba hasta el tope, simplemente se quedaba dormido. No, el alcohol no le hacía olvidar, simplemente lograba que todo le valiera madres.

Levanto la tapa con el pie y se tambaleo, teniendo que detenerse del lavabo. Echo una "firma" y se lavo las manos. Se miro al espejo: Los ojos cansados y tristes, el ceño fruncido, la mueca de fastidio en la boca, la barba abundante, el torso fuerte, aunque algo descuidado por los años, los brazos llenos de tatuajes. Cada cicatriz, cada tatuaje, contaba una historia, pero todas sus historias se resumían a mujeres, balas y alcohol.

Inexplicablemente, recordó aquella vez que tuvo que amputarle el meñique al japonés ese. Nunca le dijeron el porqué, pero el sabia que esa era una forma de castigo empleada por los yakuza. Probablemente el tipo debía dinero, o simplemente había molestado a quien no debía. Como sea, más que haber pagado por ello, había recibido una advertencia, y en este mundo, permitirle conservar su vida era un acto de generosidad. Fue entonces cuando le vino la idea.

Regreso a la recamara y tomo un encendedor y una cajetilla de Camel de un cajón. Hacía tiempo que había dejado de fumar, pero recordó que aun estaban esos cigarros guardados. Le dio el último trago a la botella de tequila, y se dirigió de nuevo al baño. Abrió la cajetilla, se llevo un cigarro a la boca, y lo prendió. Le dio una calada corta, después apago el cigarro en su pecho. No sintió nada. Se sacudio la ceniza y repitió esa misma operación varias veces, formando una larga línea compuesta por pares de quemaduras.

Se detuvo a observar su trabajo. Las quemaduras formaban burbujas con la piel ennegrecida. Continúo trazando líneas sobre su pecho por un par de horas. Con la llegada del amanecer, el estaba completamente sobrio, y había concluido su obra. Su pecho aun humeaba. Enormes cicatrices formaban en su pecho dos caracteres japoneses: Eran los kanjis para la palabra "ronin".

Tomo un baño y repaso mentalmente la historia de los 47, después se apresuro a vestirse, pues tenía trabajo que hacer. Venganza. Hacia un año que esperaba este momento, se había preparado en cuerpo y alma para ello. Abandono todo lo que le quedaba o importaba, y a ojos de todos, perdió el honor. Pero estaban equivocados. Era precisamente por honor que había agachado la cabeza y guardado silencio. Pero eso se terminaba hoy. Estaba escrito en las estrellas que esa noche el habría de morir, pero no sin antes haber cobrado una última deuda.

Si, cada tatuaje, cada cicatriz contaba una historia, pero ahora él había trazado en su piel la historia completa de su gloria, su caída, y la única mujer a la que amo. Cada batalla, cada alegría, cada tragedia en su vida estaba implícita en esas líneas que él había grabado con fuego. No le importaba si alguien más las leía o era capaz de interpretarlas. Era un mensaje que le pertenecía únicamente a una persona, y hoy, después de que ruede la última cabeza, se reuniría con ella de nuevo, y esta vez ya nada los habría de separar.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Jano



Solos, en la oscuridad de aquel cuarto, se besaron apasionadamente. Nada de ternuras, lengua con lengua enredándose salvajemente. Daniela le quito la camisa mientras mordía la arracada en su lóbulo izquierdo. El deslizo su mano por debajo de la blusa, acariciando su espalda y aferrándola más a él. Con algo de dificultad, desabrocho su bra. Con la otra mano, desabrocho su blusa; luego hizo lo mismo con el pantalón. Daniela se estremeció cuando la mano que recorría su espalda descendió hasta llegar a sus nalgas, y las acaricio con una mezcla entre suavidad y lujuria. Luego, esa misma mano recorrió su piel hasta meterse entre sus muslos, haciéndola gemir de placer. El besaba con gula sus pechos, mordiendo suavemente sus pezones para después, como queriendo curarlos, acariciarlos juguetonamente con su lengua.

Daniela sentía como el fuego en su interior estaba a punto de quemarla. Le desabrocho el pantalón y el cinturón, y comenzó a acariciar su miembro suavemente. Le gusto sentirlo, húmedo y erguido, temblar ligeramente en respuesta a sus caricias. Lo empujo hacia la cama. El se rio, divertido. Daniela le quito el pantalón y el boxer, y antes de subirse a la cama a hacerle compañía, se quito lo que le quedaba puesto de ropa. El se acomodo en la cama, recargando la cabeza en la almohada para disfrutar el show. Daniela no sabía hacia dónde dirigir la vista, si hacia su miembro esperándola con ansiedad, o hacia su mirada y sonrisa seductora. Se detuvo un momento a contemplarlo, con deseo y adoración.

Se desplazo hacia él a gatas. Paso su lengua desde la base de los testículos hasta la punta del pene en repetidas ocasiones, luego introdujo su miembro en su boca. El, por reflejo, arqueo la espalda, tenso ambas piernas, y dirigió la cabeza al cielo. Cada sensación era de intenso placer. Su mente quedo en blanco. Después de juguetear un poco, Daniela lo monto. Movía lenta y rítmicamente sus caderas, el la aferraba de tal modo que con cada mano sostenía una de sus nalgas. El se incorporo para besar sus pechos. No, no besar, devorar, lamer frenéticamente sus pezones, después su cuello. Una vez más, sus lenguas se encontraron. El coloco su mano derecha en la nuca de Daniela, acercando más su cabeza para besarla con mayor intensidad.

La acostó boca arriba; paso su brazo debajo de la corva de su rodilla, y con el antebrazo levanto ligeramente su pierna, para penetrarla a profundidad. Daniela gimió, casi como un grito. La penetro varias veces de esa forma, luego, sin salir de su cuerpo, giro delicadamente su pierna, de modo que ambas piernas se encontraron. Siguió penetrándola de lado, mientras besaba sus pechos y acariciaba con una mano su clítoris, aquel generoso y misterioso órgano femenino cuya única función es la de dar placer. Daniela, completamente extasiada, se giro hasta quedar boca abajo. El la tomo de la cintura con ambas manos, la puso a gatas, y la monto desenfrenadamente. Rugían  y se estremecían bestialmente, como leones, hasta que llegaron al glorioso orgasmo (de hecho, tres para Daniela). Después se desvanecieron, uno en el cuerpo del otro, y se besaron tierna e intensamente los labios, los pómulos, los parpados, el cuello y los hombros, hasta quedar profundamente dormidos.

Después de haber pasado toda la tarde en aquel hotel, y de haberlo hecho tres veces más, la ultima en la regadera, Daniela lo dejo ir, satisfecha, de regreso a los brazos de su esposa.

*

Cinthia no lo escucho llegar, y lo sintió hasta que se metió sigilosamente en la cama. Se giro y le pregunto:

- ¿Que hora es? -
- Las diez veintisiete. Perdón por despertarte. - Le contesto él.
- No te preocupes, hace poco que me acosté. -

Contenta de verlo, le dio un tierno beso en los labios a su marido. Él le contesto con la misma ternura, y con una reconfortante sonrisa. Paso su brazo por debajo del cuello de Cinthia, y la abrazo amorosamente. Ella se acomodo en su pecho. Le gustaba escuchar los latidos de su corazón. Mientras el acariciaba con ternura su cabello, ella pensaba en lo afortunada que era de tenerlo a su lado. Con él se sentía segura, amada, y sobre todo, comprendida. No cualquier hombre podría entender la falta de apetito sexual de su pareja, y le parecía estoico el sacrificio que un hombre como él, con ese carácter y fuego en las venas, hacia por amor a ella. Se  fue arrullando con el suave ritmo del palpitar de aquel corazón, por ella tan amado. Antes de quedarse dormida, sintió como el besaba suavemente su frente, y le escucho decir, apenas en un susurro:

- Te amo... -