A veces le parecía que no era él quien sangraba.
Ni siquiera la culpa o la vergüenza podían alcanzarlo, pues gracias a su padre había
aprendido a mirarse como si fuera otra persona. Nunca puso la mente en otro
lugar mientras la piel le ardía por los constantes golpes de su cinturón. Nunca
le pidió que le levantara un castigo, sin importar el tiempo que llevara
sosteniendo piedras con los brazos extendidos. Nunca dejo que le contaminara su
malicia, aunque le llamara "estúpido" o "maricon". Simplemente
aprendió, con el paso de los años, a no verse a sí mismo desde la perspectiva
de la víctima, sino desde la de un observador. Esto le ayudo a despejar el
miedo y alimentar la ira.
Estaba en quinto de primaria la primera vez que
se dejo llevar por aquella sensación. Era inseguro y enfermizo debido al asma,
por lo que casi todos sus compañeros de clase lo usaban de saco de box. En una ocasión,
unos tipos quisieron pasarse de listos con él y con su hermana a la salida de
la escuela; les pidieron su dinero y el estaba dispuesto a dárselos, hasta que
uno de ellos quiso besar a su hermana. Lo golpeo en la cara con un termo y
forcejeo con ellos en lo que ella corría; de pronto sintió la pierna caliente y
un hormigueo. Cayó al suelo mientras ellos se largaban, y fue entonces cuando
vio la sangre que empapaba la manga de su pantalón.
Llego cojeando a su casa. En un par de ocasiones
se cayó, a punto de desmayarse. Los vecinos lo vieron, pero nadie le ayudo. Sus
padres lo llevaron a la Cruz Roja, donde le dieron tres puntadas, y le dijeron
que la navaja había ido de entrada por salida, pero que estaría bien. Llegando
a la casa su padre le dijo que era un imbécil que ni siquiera podía proteger a
su hermana, y le dio un par de cinturonazos, pero solo lo castigo una hora en
la esquina.
Al día siguiente tuvo que soportar toda la mañana
las burlas en la escuela. Uno de los listillos que trato de asaltarlos iba en
su salón, y les dijo a todos que se había desmayado cuando él y sus amigos les habían
pedido el dinero "en broma", y que su hermana había tenido que
defenderlo. Llego el recreo y el imbécil y sus amigos seguían jodiendolo, hasta
que decidieron buscarle pleito. Nunca hasta ese momento se había sentido tan
humillado y solo, pues se dio cuenta de que toda la escuela quería verlo
sangrando y en el suelo. Benjamín (así se llamaba el imbécil) comenzó a
acercarle la cara para fintarlo; eso, sumado a las burlas de los demás, provoco
en él una furia como nunca antes había sentido. Hizo la cara para atrás,
tomando vuelo, y le estrello la frente en la nariz con toda la fuerza que pudo.
En ese momento dejo de pensar. Su cuerpo se soltó
y actuó por instinto. Golpear se volvió una necesidad fisiológica, un instinto
que necesitaba satisfacer desesperadamente, y sus puños se movían
involuntariamente, como los latidos de su corazón. Nunca hubo resistencia de
parte de su oponente. La primera señal de oposición vino de los gritos de sus
compañeras, después los amigos de Benjamín trataron de quitarlo de encima de él;
cuando finalmente lo lograron, logro zafarse por que sus manos estaban
resbalosas por la sangre, y alcanzo a darle un pisotón en la mano.
Los maestros, la sociedad de padres de familia, y
medio mundo, hablaron de reformatorios e instituciones mentales, pero finalmente
solo lo corrieron de la escuela. Su padre le dio la peor golpiza que había
recibido hasta entonces.
- ¿Te gusta comportarte como animal? Pues te
tratare como un animal. - Esas fueron sus palabras.
Después de la paliza, mientras estaba castigado en
su acostumbrado rincón, escucho que su madre le decía a alguien por teléfono
que le había roto la nariz y tres dedos a Benjamín, y esa revelación fue el
primer recuerdo de verdadera felicidad que tuvo en su vida.
II
Por supuesto, las peleas continuaron. Con cada
una se daba cuenta de que no era tan débil como creía. Sus dientes no eran de
cristal, sus huesos no eran de porcelana, y comparados con los golpes de su
padre, los de sus compañeros eran casi caricias. Todo sexto de primaria fue de
aprendizaje acelerado. A veces peleaba por estupideces con los de secundaria, y
aunque no siempre ganaba, después de un tiempo ya nadie se metía con él. Como
siempre, esto significo estar solo, por lo que los recreos y las tardes se
dedico a leer.
En casa se volvió un "mocoso
insolente". Ya no le importaban el cinturón, los puños o los castigos. A
veces hacia mas lagartijas o sentadillas de las que su padre le ponía, solo
para hacerlo encabronar, y cuando las discusiones eran demasiado acaloradas, le
decía, entre lagrimas, que algún día seria más fuerte que el. Incluso lo retaba
poniéndole la otra mejilla cuando le pegaba.
Durante la cena de Navidad de su primer año en
secundaria, su padre lo llamo "perdedor" frente a toda su familia por
que unos días antes había llegado con el labio reventado y un ojo morado. Se
levanto de la mesa como si fuera al baño, pero se dirigió a la cocina. Envolvió
pólvora de unos cohetes junto a unos cubiertos en papel aluminio, remojo la
mitad del paquete en gasolina, y lo metió en el microondas; lo encendió y corrió
hacia su lugar en el comedor, donde pudo disfrutar las caras de todos cuando el
micro exploto. Regresando de las vacaciones ya era un interno de la Academia
Militarizada México.
III
El primer mes fue muy difícil. Estúpidamente pensó
que sería un descanso indefinido de su casa. En las películas gringas, donde el
protagonista es recluido en un cuartel o internado militar, siempre resaltan el
honor, la verdad, y otros falsos valores norteamericanos, y aunque siempre hay
un cabron con rango superior que le hace un infierno al "héroe", al
final este se gana su respeto y demuestra su valía. Nada más lejos de la
realidad.
En primera, desde que ponías un pie dentro de la
Academia, te volvías enemigo de todos. Eras un paria, un "potro",
como llamaban ahí a los novatos, y eso te hacía por default acreedor a
cualquier estupidez, humillación o brutalidad que se le ocurriera a cualquier
cadete con más de un año de antigüedad (tiempo en que dejabas de ser potro). En
segunda, los oficiales, sargentos, y demás personal con rango te calaban
constantemente para averiguar de que estabas hecho, y saber como habrían de
quebrarte. Tercera, a pesar de ser un chiquillo, el llego creyendo que era un
cabronazo, el tipo más duro de su colonia (no en vano lo metieron ahí), pero lo
que él no sabía es que ahí dentro había tipos en verdad ojetes, contentos de
serlo, y además ya con tiempo ejerciendo el oficio. Gracias a su arrogancia y
estupidez, pronto descubrió todo esto a la mala.
Para los cadetes normales lo duro empezaba a las
7 am, hora de entrada a la Academia, y terminaba a las 4 pm, hora en que sus
papis pasaban por ellos y se olvidaban de todo como si hubiera sido un mal
sueño, pero la vida era muy distinta para un interno. El oficial Ramírez, su
oficial a cargo, los levantaba a las 4 am y les daba 5 minutos para estar en formación.
Después de pasar lista salían a correr. A las 5 am regresaban a bañarse en las
regaderas con agua fría, desayunaban y se ponían en chinga el uniforme, pues el
camión que los llevaba a la Academia salía a las 6 am (la Academia estaba en
Tacubaya, pero el internado estaba en La Viga). En el trayecto estaba prohibido
dormirse pues ameritaba castigo (a los que se dormían "les tocaba
bile", es decir, les ponían el pene en la boca).
Llegando a la Academia pasaban otra vez por formación
y lista por compañía (el pertenecía a la 5a), después se hacían honores a la
bandera, y finalmente entraban a clases a las 8 am. A las 2 pm salían a
entrenamiento. Había varios grupos especiales de entrenamiento, por ejemplo la
Banda de Guerra, cuya formación era musical (todos los consideraban
"maricas"). Estaba la Policía Militar (los "Cerberos" o
"perros policía"), también el Cuerpo de Enfermería, el de
Comunicaciones, y los Comandos. Estos últimos recibían entrenamiento de asalto
e inteligencia militar. Para entrar a cualquiera de los grupos especiales era
necesario hacer un examen de aptitudes, al cual tenían derecho cuando dejaban
de ser potros.
El camión pasaba por ellos a las 4 pm, para
regresarlos al internado. Llegando se cambiaban a ropa de entrenamiento. Diario
tenían práctica de tiro de 6 a 7 pm, lunes y miércoles de 7 a 8 pm tenían natación,
y martes y jueves había box, pero los potros solamente servían de sparring (o
eso decían, ya que no recibían entrenamiento formal, aprendían observando
mientras servían de costal). A las 8:30 pm cenaban, después iban a las
regaderas, hacían tareas, y preparaban el uniforme (lo que incluía arreglar la
cuartelera, cirolear las insignias, lustras las botas y demás). Nunca jugaban
videojuegos ni veían televisión, y lo unico satisfactorio en la semana era escuchar todos los dias, a las once de la noche, el programa de radio "La mano peluda" (no, no era albur).
Los internos cuyas familias vivían en el DF
regresaban a sus casas en fin de semana, el resto se quedaba a entrenamiento de
football (americano). Con algo de suerte, sus familias pasaban por ellos o les
mandaban dinero para que regresaran a casa en vacaciones, pero la mayoría prefería
quedarse ahí. Desde que entro a la Academia, no volvió a pasar nunca una
Navidad con su familia. En ese tiempo, los internos no eran más de 30, y él era
el menor. Al principio mantuvo un perfil bajo para no llamar la atención, y con
el tiempo fue adoptado por el grupo formado por "La bruja", de
Guanajuato, "Lencha", de Oaxaca, "Pretty boy", de Toluca,
"El Flippy", de Veracruz, y el "Acapulco", de Durango (???).
Comparados con otros internos, sus amigos eran los más
"inocentes".
Los fines de semana, de ley, eran de borracheras.
Aprendió a jugar póker, domino y billar. Perdió el miedo a hablarle a las
chicas, y conoció los " raves" y el desmadre que rodeaba a la música electrónica
(cucarachas, Hoffman, Simpson y demás ácidos que en ese entonces estaban de
moda, además de las llamadas "smart drinks") y volvió a las peleas.
Pelear, junto con conocer chicas, era lo que más disfrutaba de salir con ellos.
Cuando se armaban los madrazos en los bares o fiestas, el Flippy lo sentaba en
la barra, o en algún lugar un poco alto, y empujaba hacia donde él estaba a su
contrincante, para que le reventara un vaso o botella en la cabeza. Eso era muy
divertido, hasta que el Flippy comenzó a llamarle "Junior". En una ocasión,
se le cayó la botella cuando se la iba a estrellar a un tipo; este se dio
cuenta, y volteo para pegarle, pero aun no había acabado de girar hacia el por
completo cuando le estrello la frente en la nariz, justo como había hecho con Benjamín
hacia un par de años. A partir de ese día, cada que comenzaba un pleito trataba
de hacerlo con la cabeza. Sentía que estaba poniendo su firma.
Cada vez se fue involucrando más en los pleitos,
y no le preocupaba que fuera con tipos mayores, ya que siempre llegaban sus
amigos para salvarlo. Cada que podía clavaba su frente en la nariz de otro, y
con el tiempo los demás se dieron cuenta. Al principio les daba cierta ternura,
y decían que daba picotazos en vez de puñetazos; era su gallito de pelea, pero
poco a poco fue ganando su respeto, y de ser "Junior" comenzaron a
decirle "Gallo".
IV
Cuando Gallo cumplió un año en la Academia hizo
la prueba para la Policía Militar. De 32 morros que la hicieron, solo 11
calificaron, entre ellos el, quien varias veces estuvo a punto de caer por el
asma. Duro ahí 6 meses y se aburrió como nunca (llego a la conclusión de que
ser guardia real del palacio de Buckingham es más divertido), por lo que decidió
hacer la prueba para entrar a comandos (no sin antes haber pasado por tabla,
por desertor). Pretty boy también se alisto. El y el Flippy tuvieron problemas
unos meses antes ya que Pretty boy le dio baje con su novia. Gallo no se
involucro en el asunto, pero los demás se solidarizaron con el Flippy. Todos
los nuevos amigos de Pretty boy eran Comandos, por lo que era importante para
el enlistarse.
Entrar a Comandos era el máximo orgullo posible
en la AMM, pues solo entraban los más duros. Todo mundo quería estar ahí, pero
pocos se atrevían a hacer la prueba por su brutalidad, además, fallar era
motivo de burla. Cuando eras de los Comandos nadie se metía contigo, incluso
los oficiales les daban bastantes privilegios. Eran criminales consentidos por
serlo. Entre ellos había cuatro que destacaban, pues además eran Internos:
"El Chicano", que era quien conseguía los ácidos, la hierba y la
coca, además del alcohol para sobornar a los maestros; "El Chino",
que por $100 te tatuaba con tinta china en el gimnasio durante el receso;
"El Van Dame", un cabron enorme que con una mano te rodeaba el cuello
y te levantaba; finalmente el peor de todos, "Vasago", el sargento de
los Comandos, quien estaba muy clavado en cosas de ocultismo, y gustaba de
romperle el meñique a quien lo desobedecía.
La prueba fue más difícil que la de PM, pero al
final quedaban solo Pretty Boy y el, de secundaria. Los Comandos eran tipos de
preparatoria, solo dos de secundaria habían logrado pasar la prueba. Se suponía
que al final solo admitían a uno de prepa y a uno de secundaria cada tres
meses, aunque había veces que nadie calificaba. Cuando al final quedaban dos o más,
el resultado se decidía con una pelea. Todos los miembros hicieron circulo y
pusieron un cinturón en medio; el chiste era colarse al círculo (no podían
soltarse de las manos, pero daban codazos y patadas para que no entraran),
agarrar el cinturón y usarlo para que el otro se rindiera. Se quitamos las
playeras y zapatos. Pretty boy entro antes que él y le gano el cinturón. Comenzó
a darle con la hebilla, dejándole en claro que ya no eran amigos; Gallo se
ocupaba más de defenderse que de atacar, pues le preocupaba mucho un golpe en
la cara o la cabeza. Recibió un golpe en la costilla, pero logro abrazar el cinturón
y agarrarlo. Le dio un cabezazo a Pretty boy para que lo soltara, y funciono.
Le puso el cinturón en el cuello y comenzó a ahorcarlo; este trato de zafarse
en vez de rendirse, y de repente se desmayo.
Después de la pelea el médico los reviso a ambos,
Pretty Boy estaba bien, aunque tenía lastimada la garganta y duro una semana
hablando como Vitto Corleone, en cambio el cabron le fisuro a Gallo la costilla
con el madrazo del cinturón. Los Comandos lo admitieron, y Pretty Boy nunca se
lo perdono. Lo peor de todo es que llamo la atención de la gente incorrecta. A
partir de entonces vinieron los verdaderos problemas.
Todo mundo supo como "El Gallito" le
gano a Pretty Boy. Por desgracia, su apodo provocaba a los demás, pues creían
que se sentía muy rompemadres. De pronto llegaba algún cabroncito a buscarle
pleito, y cuando le daba la vuelta, sus amigos se metían. Volvieron los días de
las madrizas, de los ojos morados, de escupir sangre. El respeto que había
logrado a base de callar y aprender valió madres. Los oficiales lo conocían y
lo chingaban más de lo acostumbrado, pues creían que era un escuincle mamon, y
cuando los demás lo reventaban, todo mundo se hacía de la vista gorda. Un día,
en un entrenamiento con los Comandos, le cortaron la cuerda mientras rapeleaba,
y cayo de casi 3 metros de altura, por lo que se disloco la clavícula
izquierda. Lo peor fue cuando el doctor se la acomodo. Y justo cuando creía que
ya no podían ser peor las cosas, Pretty Boy por fin se desquito.
V
Estaba a mitad de tercero de secundaria y le
gustaba el box. Tenía buena condición, y aguantaba los madrazos. Le agarro
gusto a las lagartijas con nudillos, pero le faltaba velocidad en los puños y
ritmo en las piernas. Practicaba mucho con la pera ("picando hielo"),
el costal y con la cuerda, pero siempre lo hizo por su cuenta, así que de nada sirvió.
Nunca paso de entrenar en peleas de 4 rounds
debido al asma. Corría mucho y leía en voz alta mientras brincaba, pero siempre
olvidaba respirar. Gallo sabía que si en el tercer asalto no había ganado la
pelea por puntos o por knockout, seguro besaría la lona. Un día, al entrenador
se le "ocurrió" (después supo que fue idea de Pretty Boy) que ya
estaba listo para dar el brinco a seis rounds, y le programo una supuesta pelea
de entrenamiento contra Pretty Boy, quien además de ser de otra categoría, tenía un año más boxeando.
Casualmente ese día estuvieron varios oficiales y
todos los comandos presentes.
La pelea fue una masacre. Pretty boy lo hizo puré.
Trato de derribarlo con todo en los primeros dos asaltos, pero el imbécil se la
pasó fintando y saliendo; a veces tiraba golpes para que no dijeran que no
peleaba, pero todo el tiempo se cubría. En el tercer asalto Gallo logro entrar,
le dio fuerte en la nariz y lo aturdió, después comenzó a golpearlo fuerte, y
logro encajarle un par de buenos golpes, pero eso fue todo.
Cuando comenzó el cuarto asalto, Gallo ya estaba
agotado. Pretty Boy lo sabía, y ahí arranco. Primero acabo con lo que le
quedaba de condición: Se movía mucho y fintaba a la cara para que descuidara el
estomago. Logro conectarle dos o tres golpes seguidos en la costilla, y eso lo
acabo. En el quinto asalto, Gallo se deshizo. Pretty boy lo golpeo como y donde
se le dio la gana. Las piernas no le funcionaban, el ritmo se había ido, los pómulos
hinchados no lo dejaban ver, y sus pulmones rechinaban como puertas viejas.
Toda su voluntad estaba puesta en no caerse, ya no digamos en que no lo
derribaran. Empezando el sexto asalto, Pretty boy le saco todo el aire que le
quedaba con un fuerte golpe en el estomago. Hizo un extraño ruido
cuando el aire salió violentamente de sus pulmones por la boca. Solo vio luces.
Sería cosa de segundos antes de desmayarse, pero antes sintió como si un mazo
le golpeara con fuerza el rostro. Después no supo nada de sí. En unos cuantos
minutos Pretty Boy acabo con sus sueños de boxeador.
Todos se enteraron de eso y las burlas
regresaron. Ya nadie le buscaba pleito. En vez de eso, cuando Gallo pasaba, hacían
ruido de gallina. Después de un tiempo todos lo olvidaron. Debido a la lesión
de la costilla no pudo seguir entrenando por el resto del año. Por si fuera
poco se clavo con la coca y se metió en problemas con el Chicano. Un día antes
del fin de año escolar lo encerraron en las regaderas, le dieron la putiza de
su vida, y le inyectaron heroína. Mientras estaba de "viaje" sacaron
sus navajas para que dieran un paseo por su espalda y pecho. También lo usaron
de cenicero. Lo dejaron hecho una desgracia. Misteriosamente, nadie se entero.
A pesar de todo, Gallo nunca fue un soplón. Además
sabía que si alguien se enteraba se desquitarían con su familia, eso sin
mencionar que tendría mucho que explicar por la coca y el caballo. También
estaba el hecho de que no sabía quién mas podría estar sacando provecho del
negocio, así que se quedo callado y se fue con la cola entre las patas.
VI
Paso la mitad de las vacaciones en una granja de rehabilitación
gratuita. Ahí lo curaron de su adicción, y casi se volvió cristiano en
agradecimiento. Después estuvo con la familia del Acapulco, donde tuvo por fin
un verdadero descanso. Fue el paraíso. Para disgusto de su padre, decidió no
volver a la Academia (el viejo fue milico de joven, así que durante ese periodo
Gallo fue, por primera y única vez, su orgullo), pero se calmo cuando además de
continuar con la prepa entro al Pentatlón. Después de un tiempo, se fue
de casa y comenzó a vagar. Para transportarse le pedía "raid" (ride)
a los traileros, que son los únicos que hoy en día llegan a subir a un
desconocido (aunque tuvo que pegarle a un par de hijos de perra que querían que
se las chupara). A veces barría, trapeaba, y lavaba platos en las cocinas económicas
a cambio de algo de dinero o del menú del día. Otras veces entraba a Gigante o
Aurrera, pedía jamón y queso, se los escondía en la chamarra, y solo pagaba 3 o
4 pesos de bolillo o telera. Hubo semanas en las que lo único que comía eran tortas.
Robaba refrescos de los Oxxos, y cuando veía que solo había una persona
atendiendo, le pedía algo de la cámara fría para que dejara sola la caja,
entonces tomaba el dinero y flip tops de cigarros o una botella. Dormía en
iglesias gracias a la caridad de algunos sacerdotes. A veces dormía de día en
parques, y caminaba de noche para no morirse de frio. Robaba ropa o cobijas de
los tendederos, y en un par de ocasiones fingió asaltar con una pistola de
juguete a los fresitas que entraban a los antros (quienes se asustaban lo
suficiente como para no distinguir el engaño). También robaba libros de
Sanborns.
En Oaxaca conoció a Jazmín, quien lo tuvo
durmiendo a escondidas casi dos semanas en su recamara. Estuve a punto de
quedarse a vivir allá con ella, pero se dio cuenta de que no tenía nada que
ofrecerle, así que se despidió diciéndole sinceramente que en un año regresaría por ella, pero nunca más volvió a verla.
Regreso a casa de sus padres y jugo a la
ruleta rusa. Nada sucedió, y no tuvo los cojones para suicidarse. Respiro
profundo y trato de tranquilizarse. "Pelea", se repetía una y otra
vez a sí mismo. Poco a poco fue dejando atrás el dolor. Se propuso seguir
luchando, y construirse una buena vida. Por mucho que fueran mal las cosas en
lo sucesivo, nada podía compararse al infierno que ya había vivido. Después de
todo ¿Que podría ser peor?


