domingo, 24 de febrero de 2013

Perra de nadie




El ingeniero Javier Contreras, supervisor de calidad de la fábrica, no supo ni que lo golpeo ese día. En la oscuridad del estacionamiento, justo frente a su coche, mientras buscaba las llaves para abrirlo, recibió un batazo en las corvas, que de inmediato lo hinco frente a la puerta. Solo emitió una especie de gruñido, pero no grito. Hasta ahí llegaba la parte del Beto, quien de inmediato se hizo a un lado; lo demás le tocaba terminarlo al Gato. Apenas cayo el ingeniero sobre sus rodillas, el Gato le estampo la planta del pie en la nuca, rompiéndole violentamente la nariz, y abollando en el proceso la puerta. Lo malo de los coches modernos, como el Mini Cooper del inge, es que son pura fibra de vidrio, y no resisten bien los golpes. Antes de que cayera inconsciente al suelo, el Gato le detuvo la cabeza del cabello, y le azoto en tres ocasiones más la cara contra la puerta, dejando un macabro collage de sangre en ella. Ya en el suelo, tanto el Gato como el Beto lo patearon en el torso, con la intención, y la experiencia, de romper varias costillas. Por último lo bolsearon, sacándole el Iphone, y la cartera, gorda por ser día de quincena, del pantalón; del portafolio tomaron una tablet Galaxy de Samsung, y una lap Macintosh muy chingona. Si hubieran tenido más tiempo, lo hubieran orinado, pero escucharon a los de seguridad, aun bastante lejos, así que solo se conformaron con escupirle en la cara. Corrieron hacia la barda, la saltaron y se subieron al viejo Maverick del Chango, quien los espero con el motor encendido. Se arrancaron y se fueron a festejar al Mandingos con el dinero del inge, no sin antes pasar por unas morras.

El Gato era nuevo en la fábrica, pero ya había aguantado dos quincenas el acoso constante y las humillaciones del Ingeniero Javier, quien no toleraba a los tipos tatuados. El Gato podría ser tranquilo, responsable, humilde, caballeroso, buen hijo, buen amigo, y bastante chambeador, pero nunca había sido, ni estaba dispuesto a ser, perra de nadie.

domingo, 3 de febrero de 2013

Sexo



3:45 am

Otra noche sin dormir, otro dia en el infierno. Me levanto empapado de sudor de la cama, y me dirijo al baño. Todo mi cuerpo tiembla, parte por el puto frio invernal, parte por la puta cruda. Llevo dos semanas tomando, buscando una maldita congestión, o algo peor, pero nada. Ni siquiera he podido pegar bien el ojo, la maldita hiperactividad me mantiene en un perpetuo estado de vigilia. Hace días que no como más que frituras o alguna mierda que me ponen enfrente, a manera de botana, en los bares que frecuento. El maratón comenzó en un intento por irme de putas a un table, y a pesar de que pude echarme un buen palo, no logre olvidar ni madres en el cuerpo de aquella mujer, que parecía hecha a mano de lo hermosa que estaba. Maldito sea el recuerdo, maldita mi memoria. Bien dicen que después de hacer el amor con una diosa, o con una diablesa, cualquier mortal te parece insípida. Y yo no dejo de pensar en aquel ser, divino o infernal, que me amo y que perdí para siempre.

Vomito sangre y bilis. Otra vez. Mi orina apesta a medicina. Me miro en el espejo y, como dice la canción, veo en mi rostro el tiempo que he sufrido por su adiós. Parezco un jodido cadáver que camina, como en la serie esa que esta tan de moda, la de los zombis. Soy cursi, soy patético, pero tengo hambre de ella, de su cuerpo, de su amor. El futuro feliz y brillante que había planeado a su lado, con casa, coche, y un par de pequeños, se ha esfumado. Ella se fue, y se llevo toda mi pasión. La gente me dice que no me aferre, pero ¿Como les explicas lo que es el vacio a ellos, que lo han tenido y lo tienen todo? ¿Es tan malo amar a alguien, y querer luchar por esa persona, ya que no encuentras mucho de bueno en ti? Si, para poder amar primero debes amarte a ti mismo, y toda esa basura de superación personal. El amor me huye, la felicidad me huye, la vida se me niega, también tengo derecho a mandar todo al carajo, si se me da la gana. El orgullo es lo único que me queda, además de una pasión mal sana por destruirme.

Me dirijo al refrigerador por una cerveza y me sorprende descubrir una botella de whiskey. No está congelada, así que supongo es de anoche. Me sirvo tres cuartas partes de un vaso con hielo, y enciendo la computadora, dispuesto a escribir lo último que escribiré en mi vida; como siempre, dedicado a ella, al recuerdo de esas noches en que fui feliz a su lado, amándola y siendo amado. Lo titulare "Sexo", pues ese era el único momento que compartiamos en que yo sabía que ella solo me pertenecía a mí, solo pensaba en mi, y éramos uno solo. Su sonrisa me hacia feliz. Verla bailar me hacia feliz. Que me cocinara me hacia feliz. Cuidarla y consentirla me hacia feliz. Imaginar y construir un futuro a su lado me hacia feliz. Pero solo escribir, ponerme los guantes y pelear, y hacer el amor con ella, me hacía sentir realmente vivo. Caliento mis manos con mi aliento, y comienzo a escribir:

"Sexo. Oscuro y ardiente sexo. No la torpe y tierna exploración de los adolescentes, sino la pasión desmedida de quien sabe exactamente lo que está haciendo. Sexo. De ese que te enciende la sangre de solo recordarlo. De ese que no puede ser superado por la imaginación. De ese que se vuelve un amargo recuerdo con el paso del tiempo. Sexo, sucio y salvaje. Cada noche éramos dos viejos enemigos reunidos en el campo de batalla para una última pelea. Nos desgarrábamos, nos mordíamos, embestíamos constantemente con incesante furia, sin dar ni pedir cuartel. Como si la vida misma se fuera en ese único e intenso momento. Sexo. El jadeo de los amantes. Los miembros dilatados, el cuerpo empapado en sudor, el alma puesta en el otro. Tus pezones rosados siempre a juego con tu piel, blanca como la leche. Tus lunares, y las marcas que te dejo la varicela. Tus muslos dulces y firmes. Tus piernas bellas y fuertes. Tu vientre suave y perfecto, con tu marca de guerra. Tus nalgas perfectas y generosas. Una atleta consumada en el arte de amar. Sexo, espectáculo para dos. Los cuerpos eran escenario, los cuerpos aplaudían. Un amante se convertía en el reflejo del otro. Eras territorio conocido, y a la vez siempre cambiante. Ahora, después de tanta ausencia de tu cuerpo, te descubriría virgen de nuevo. Monte de Venus: Puerta al paraíso y al infierno que se esconden dentro de una mujer. Para entregarme en cuerpo y alma solo hace falta belleza. Para que me saque de mi mismo, para que sienta que la necesito, para que me haga volver una y otra vez a ella, tiene que ser más fuerte que yo, más sabia que yo, colmada de experiencia. Sexo, un eterno Deja vu. Un eterno retorno al origen, al útero, a la muerte, a la inconsciencia y la inocencia. Todo lo vivido, todo lo aprendido, y el universo mismo, desaparecen en ese momento, solo para renacer de nuevo. La muerte y el tiempo explotan en un orgasmo. Los hombres de ciencia lo han llamado "Big bang": El momento en la vida en que la vida misma surgió. Sexo. Altar profano donde todas las fuerzas opuestas convergen, donde se libran las más importantes batallas del alma, donde todo carece de importancia y a la vez todo es cuestión de vida o muerte. Sexo. Danza de serpientes. Caja de Pandora. Herida profunda. Rosa mística. Torre de Tarot. Piromanía. Todo ese misterio sobre el sexo y al final descubres que es el origen y el fin de todo. Sexo. Salado y embriagante sexo, que vicia el aire con su olor. En tiempos de la carne solo debería haber cuerpos y respiraciones vibrando a la par. Mentes vacías. Nada de palabras. Las personas pueden amarse u odiarse, pero los cuerpos siempre se entienden. ¿Como es posible que dos personas que compartieron tanto, que se fundían con tanta intensidad, que nacieron para morir en el cuerpo del otro, puedan separarse tanto? Después de tanto tiempo de no estar juntos, descubrimos que ya nada  nos une: Ni el amor ni el sexo."

Cierro la computadora y me dirijo a la cama. Antes me sirvo otro vaso igual. Del buro tomo un gotero, y dudo en agregarle 33 gotas a mi vaso, como los años que tenia Jesús al morir, o 34, como los que tenia Layne Staley. Al final me decido por Staley, y bebo lentamente el brebaje, saboreando el extraño, pero reconfortante sabor. No hay lágrimas en mis ojos. También estas se fueron. Solo queda resignación, y una vaga esperanza de despertar en un lugar mejor.