3:45 am
Otra noche sin dormir, otro dia en el infierno. Me levanto empapado de
sudor de la cama, y me dirijo al baño. Todo mi cuerpo tiembla, parte por el
puto frio invernal, parte por la puta cruda. Llevo dos semanas tomando,
buscando una maldita congestión, o algo peor, pero nada. Ni siquiera he podido
pegar bien el ojo, la maldita hiperactividad me mantiene en un perpetuo estado
de vigilia. Hace días que no como más que frituras o alguna mierda que me ponen
enfrente, a manera de botana, en los bares que frecuento. El maratón comenzó en
un intento por irme de putas a un table, y a pesar de que pude echarme un buen
palo, no logre olvidar ni madres en el cuerpo de aquella mujer, que parecía
hecha a mano de lo hermosa que estaba. Maldito sea el recuerdo, maldita mi
memoria. Bien dicen que después de hacer el amor con una diosa, o con una
diablesa, cualquier mortal te parece insípida. Y yo no dejo de pensar en aquel
ser, divino o infernal, que me amo y que perdí para siempre.
Vomito sangre y bilis. Otra vez. Mi orina apesta
a medicina. Me miro en el espejo y, como dice la canción, veo en mi rostro el
tiempo que he sufrido por su adiós. Parezco un jodido cadáver que camina, como
en la serie esa que esta tan de moda, la de los zombis. Soy cursi, soy patético,
pero tengo hambre de ella, de su cuerpo, de su amor. El futuro feliz y
brillante que había planeado a su lado, con casa, coche, y un par de pequeños,
se ha esfumado. Ella se fue, y se llevo toda mi pasión. La gente me dice que no
me aferre, pero ¿Como les explicas lo que es el vacio a ellos, que lo han
tenido y lo tienen todo? ¿Es tan malo amar a alguien, y querer luchar por esa
persona, ya que no encuentras mucho de bueno en ti? Si, para poder amar primero
debes amarte a ti mismo, y toda esa basura de superación personal. El amor me
huye, la felicidad me huye, la vida se me niega, también tengo derecho a mandar
todo al carajo, si se me da la gana. El orgullo es lo único que me queda, además
de una pasión mal sana por destruirme.
Me dirijo al refrigerador por una cerveza y me
sorprende descubrir una botella de whiskey. No está congelada, así que supongo
es de anoche. Me sirvo tres cuartas partes de un vaso con hielo, y enciendo la
computadora, dispuesto a escribir lo último que escribiré en mi vida; como
siempre, dedicado a ella, al recuerdo de esas noches en que fui feliz a su
lado, amándola y siendo amado. Lo titulare "Sexo", pues ese era el único momento que compartiamos en que yo sabía que ella solo me pertenecía a mí, solo pensaba
en mi, y éramos uno solo. Su sonrisa me hacia feliz. Verla bailar me hacia
feliz. Que me cocinara me hacia feliz. Cuidarla y consentirla me hacia feliz.
Imaginar y construir un futuro a su lado me hacia feliz. Pero solo escribir,
ponerme los guantes y pelear, y hacer el amor con ella, me hacía sentir
realmente vivo. Caliento mis manos con mi aliento, y comienzo a escribir:
"Sexo. Oscuro y ardiente sexo. No la torpe y
tierna exploración de los adolescentes, sino la pasión desmedida de quien sabe
exactamente lo que está haciendo. Sexo. De ese que te enciende la sangre de
solo recordarlo. De ese que no puede ser superado por la imaginación. De ese
que se vuelve un amargo recuerdo con el paso del tiempo. Sexo, sucio y salvaje.
Cada noche éramos dos viejos enemigos reunidos en el campo de batalla para una
última pelea. Nos desgarrábamos, nos mordíamos, embestíamos constantemente con
incesante furia, sin dar ni pedir cuartel. Como si la vida misma se fuera en
ese único e intenso momento. Sexo. El jadeo de los amantes. Los miembros
dilatados, el cuerpo empapado en sudor, el alma puesta en el otro. Tus pezones
rosados siempre a juego con tu piel, blanca como la leche. Tus lunares, y las
marcas que te dejo la varicela. Tus muslos dulces y firmes. Tus piernas bellas
y fuertes. Tu vientre suave y perfecto, con tu marca de guerra. Tus nalgas
perfectas y generosas. Una atleta consumada en el arte de amar. Sexo,
espectáculo para dos. Los cuerpos eran escenario, los cuerpos aplaudían. Un
amante se convertía en el reflejo del otro. Eras territorio conocido, y a la
vez siempre cambiante. Ahora, después de tanta ausencia de tu cuerpo, te descubriría
virgen de nuevo. Monte de Venus: Puerta al paraíso y al infierno que se
esconden dentro de una mujer. Para entregarme en cuerpo y alma solo hace falta
belleza. Para que me saque de mi mismo, para que sienta que la necesito, para
que me haga volver una y otra vez a ella, tiene que ser más fuerte que yo, más
sabia que yo, colmada de experiencia. Sexo, un eterno Deja vu. Un eterno
retorno al origen, al útero, a la muerte, a la inconsciencia y la inocencia.
Todo lo vivido, todo lo aprendido, y el universo mismo, desaparecen en ese
momento, solo para renacer de nuevo. La muerte y el tiempo explotan en un
orgasmo. Los hombres de ciencia lo han llamado "Big bang": El momento
en la vida en que la vida misma surgió. Sexo. Altar profano donde todas las
fuerzas opuestas convergen, donde se libran las más importantes batallas del
alma, donde todo carece de importancia y a la vez todo es cuestión de vida o
muerte. Sexo. Danza de serpientes. Caja de Pandora. Herida profunda. Rosa
mística. Torre de Tarot. Piromanía. Todo ese misterio sobre el sexo y al final
descubres que es el origen y el fin de todo. Sexo. Salado y embriagante sexo,
que vicia el aire con su olor. En tiempos de la carne solo debería haber
cuerpos y respiraciones vibrando a la par. Mentes vacías. Nada de palabras. Las
personas pueden amarse u odiarse, pero los cuerpos siempre se entienden. ¿Como es
posible que dos personas que compartieron tanto, que se fundían con tanta
intensidad, que nacieron para morir en el cuerpo del otro, puedan separarse
tanto? Después de tanto tiempo de no estar juntos, descubrimos que ya
nada nos une: Ni el amor ni el sexo."
Cierro la computadora y me dirijo a la cama.
Antes me sirvo otro vaso igual. Del buro tomo un gotero, y dudo en agregarle 33
gotas a mi vaso, como los años que tenia Jesús al morir, o 34, como los que
tenia Layne Staley. Al final me decido por Staley, y bebo lentamente el
brebaje, saboreando el extraño, pero reconfortante sabor. No hay lágrimas en
mis ojos. También estas se fueron. Solo queda resignación, y una vaga esperanza
de despertar en un lugar mejor.