domingo, 26 de agosto de 2012

Un trabajo limpio



Eran las 2:00 am de un jueves lluvioso. Por Reforma circulaba un convoy compuesto por dos Suburban, hasta la madre de guaruras armados con Smith & Wesson .38 especial, escoltando la Voyager de El Gordo, quien reía y les contaba a sus escoltas cada sucio detalle de lo que acababa de hacer en el Sheraton con Rubi, su "putilla", como él la llamaba. El relato del Gordo, como era costumbre, estaba plagado de las mas graficas, explicitas y vulgares descripciones, para deleite de sus matones.

Casi a la altura del Museo Nacional de Antropología, el conductor de la camioneta que encabezaba el convoy diviso una moto de policía estacionada detrás de dos camiones de basura, en el mismo sentido en que ellos circulaban. Un camión más se encontraba cruzando la banqueta, en sentido contrario. No dijo nada, pues le pareció normal. Apenas habían pasado la moto y el primer camión, el segundo camión se atravesó súbitamente a mitad de la calle, cerrándoles el paso y provocando que se impactaran en carambola. El segundo camión se atravesó a mitad de la calle, cerrándoles el paso por detrás.

Todo paso en cuestión de segundos: Antes de que pudieran reaccionar los guarros, quienes aunse encontraban aturdidos por el golpe, los conductores de ambos camiones, armados con fusiles AR -15, abrieron fuego contra las camionetas. Desde el camión que estaba cruzando la banqueta, y del interior del bosque de Chapultepec, cuatro hombres más se unieron a la lluvia de plomo, dos por cada flanco.

La escolta del gordo no podía repeler el ataque, pues no podía abrir ni puertas ni ventanas, pero ya habían pedido refuerzos, y estos no tardarían más de quince minutos en llegar. El Gordo se sentía confiado en que, gracias al blindaje nivel seis de sus camionetas, podrían sobrevivir al ataque en lo que llegaban sus muchachos. Pero el Gordo no contaba con que Genaro, el Z-47, estaba escondido en uno de los arboles, justo arriba de la camioneta del Gordo. Genaro, sabiendo perfectamente que el techo de la camioneta no estaba blindado, soltó unas rafagas a la camioneta del Gordo, matando a todos en su interior. Después, hábilmente bajo del árbol mientras sus hombres lo cubrían, y dio la orden de retirada. Los de los camiones que cerraron paso al convoy, y los del flanco izquierdo, se fueron en dos motos de policia, Genaro se perdió entre el bosque junto a dos de sus hombres.

Siete hombres para realizar el trabajo, cinco minutos para concluirlo. Mucho ruido, pero ni una sola bala perdida. Ninguna baja de su lado, y solo los muertos necesarios. Un trabajo limpio.

*

Genaro era un buen soldado. Había sido reclutado después de haber servido durante el conflicto armado en Chiapas, donde fue parte de los GAFEs. Ahí había aprendido, además de tácticas de contrainsurgencia, guerra de guerrillas, y guerrilla urbana, a obedecer incondicionalmente. Mato y robo siguiendo órdenes, y aprendió a usar la violación como táctica psicológica de intimidación. Las mujeres, le habían dicho, eran un instrumento, y así aprendió a tratarlas, incluso a Eva, su propia mujer. Cada día, con el fin de mantenerla "domesticada", la golpeaba hábil y dolorosamente, de modo en que no quedaran huellas de agresión alguna. También, día a día, abusaba salvajemente de ella. Sistematizaba la tortura y el sufrimiento para lograr su propósito, que era mantener a Eva, el instrumento de su placer, bajo su yugo.

A pesar de que muchos de sus compañeros más cercanos, casi sus amigos, le habían sugerido no comportarse así con su mujer, ya fuera por cuestiones humanas o prácticas, Genaro los había ignorado a todos.

Ese día, después del trabajo, Genaro regreso a dormir a su casa, pero antes, como era costumbre, golpeo y abuso de Eva de cuantas formas le permitió su imaginación, y él se consideraba a si mismo muy creativo. Al día siguiente, despertó y fue al baño. Eva ya se había levantado. Salió del baño y se encontró con ella de frente, apuntándole con una 9mm. Sin decir una sola palabra, pero con una gran sonrisa, Eva abrió fuego contra Genaro, vaciándole el cargador. Este cayo sobre un gran plastico estrategicamente colocado en el suelo. Mientras disparaba, Eva contaba los tiros, dejando al final en la recamara de la nueve una bala mas, para darle el tiro de gracia. Gracias al silenciador, ningún vecino se percato de lo ocurrido. Arrastro a Genaro hasta el garage, donde con trabajo lo trepo a la parte de atrás de la Navigator, que tambien estaba convenientemente forrada de plastico. Limpio todo y aguardo hasta el anochecer, después partió hacia la carretera México-Toluca, donde rápidamente bajo el cuerpo detrás de un restaurante en La Marquesa. Sin que nadie la viera, y sin dejar rastro de su presencia, abandono aquel solitario paraje.

Llego a su casa, se baño y quemo en la chimenea la ropa y los plasticos que habia usado, después se fue a dormir. Por primera vez en su vida se sentía tranquila. Mañana temprano encontrarían el cuerpo, y sería cosa de días para que pudiera cobrar la generosa cantidad con la que había asegurado a Genaro hacia un mes, además de heredar las numerosas propiedades que este poseía. Se sentía orgullosa de sí misma. Definitivamente, había sido un trabajo limpio.

domingo, 12 de agosto de 2012

El gran dia


Se miro al espejo y arreglo su corbata. Estaba listo. Se había afeitado bien, y usaba su loción favorita. El traje era de buen corte e impecable, el cabello lucia bien peinado. Las mancuernillas brillaban, también los zapatos. El universo era perfecto, todo estaba en orden. Después de todo, una boda no es cosa de todos los días.

Sonaron las campanas. Se asomo por la ventana y miro la iglesia: Muchas personas, todas sonrientes, esperaban la llegada de los novios. Grandes y bellos arreglos de casablanca adornaban el atrio. No pudo evitar derramar una lágrima cuando por fin llego la feliz pareja. Un agudo dolor le desgarro el pecho. Fue al buro y tomo la vieja Colt. Se la apoyo en la sien, y jalo el gatillo. El disparo hizo un profundo e interminable eco, pero nadie lo noto. 

La mujer por quien habría dado su vida se casaba hoy con otro; él había buscado consuelo en brazos de la muerte, y esta le correspondió.

domingo, 5 de agosto de 2012

Fragil


Magda toma la navaja de afeitar, y después de contemplarla como si fuera la primer vez que veía aquel objeto, hace un corte poco profundo en el muslo izquierdo. Una pequeña punzada, más parecida a un escalofrió que a un dolor real, recorrió su cuerpo. Se recuesta un poco, apoyando la nuca en la orilla de la tina, y sumerge la pierna herida en el agua tibia. La sangre comienza a fluir lentamente, tiñendo tímidamente el agua de rojo. Magda cierra los ojos y se deja embriagar por aquella sensación. Pasan unos minutos, y conforme el dolor del muslo comienza a desvanecerse, dolorosos recuerdos amenazan con hacer de su mente una presa. Magda se incorpora y, con cuidado, hace un segundo corte, justo al lado del primero. Esta vez corta un poco más profundo. La sangre corre generosamente, pero Magda tiene todo bajo control. Se recuesta de nuevo, y observa las "lunas" en su brazo izquierdo. Quemaduras de cigarro; le parecen hermosas. Las cicatrices, su textura, su color, son lo único que le parece hermoso en su cuerpo. Toma un espejo, apenas más grande que su cabeza, y se mira detenidamente en el. A pesar de lo que digan los demás, ella no encuentra belleza ni armonía en su rostro. La mirada triste y cansada; el gesto inexpresivo; la boca inerte, sin rastro de amor o pasión. Una anciana amargada en un cuerpo de veintiún años. Y todo por un maldito hombre. Con el paso del tiempo, había aprendido a odiar a los hombres. Sus sonrisas coquetas, sus miradas seductoras, sus disfraces tan elaborados, todo para ocultar que, en el fondo, todos son unos cerdos. Para los hombres todo se reduce a dos cosas: Tetas y nalgas. Sus pequeñas mentes no dan para más. Es por eso que a Magda le molesta tanto que le digan que es guapa. Ella sabe cómo piensan en realidad los hombres, y le da asco saber que detrás de su fingida galantería, las mujeres siempre son objeto de sus oscuros deseos. "Objeto". Si, sentía que esa palabra la definía bien. Había sido usada, hacía mucho tiempo, por un cerdo de esos que se hacen llamar "hombre". Había sentido sus sucias manos recorrer con lujuria los lugares más íntimos de su cuerpo, y desde entonces nunca más se había vuelto a sentir limpia, o bella, o segura. Había sido solamente un objeto que, después de usarse, se desecho. Le habían robado la infancia. Llena de desesperación, y con las lágrimas inundándole el rostro, Magda tomo nuevamente la navaja, y esta vez el corte fue profundo. De inmediato se llevo las manos al muslo, como reflejo para calmar el dolor. Dejo la navaja a un lado, y se sumergió por completo en la tina. Ahí, en el único lugar donde nadie podía verla o escucharla, Magda grito, con todas sus fuerzas, para tratar de expulsar el dolor que le quemaba el alma. Trago agua, sabia a sangre. Se enderezo nuevamente, y contuvo la hemorragia con habilidad, gazas, y abundante micropor. Si, la herida había sido profunda, pero no requería sutura. Se levanto con cuidado y dejo salir el agua de la tina. Abrió la llave de la regadera y se dio un baño. Había terminado su ritual de purificación. En un par de meses, cuando las heridas cicatricen, y los recuerdos amenacen con volver, habrá de repetir todo el proceso. "Las cicatrices son para recordarnos que el pasado es real", se repitió a sí misma. Seco delicadamente su cuerpo, se disfrazo de muñequita cara Yves Saint Laurent, y se colgó en el rostro su mejor y más ensayada sonrisa. La máscara estaba lista, era hora de salir a sonreírle de nuevo al mundo y a la vida.