Eran las 2:00 am de un jueves lluvioso. Por
Reforma circulaba un convoy compuesto por dos Suburban, hasta la madre de
guaruras armados con Smith & Wesson .38 especial, escoltando la Voyager de
El Gordo, quien reía y les contaba a sus escoltas cada sucio detalle de lo que
acababa de hacer en el Sheraton con Rubi, su "putilla", como él la
llamaba. El relato del Gordo, como era costumbre, estaba plagado de las mas
graficas, explicitas y vulgares descripciones, para deleite de sus matones.
Casi a la altura del Museo Nacional de Antropología,
el conductor de la camioneta que encabezaba el convoy diviso una moto de policía
estacionada detrás de dos camiones de basura, en el mismo sentido en que ellos
circulaban. Un camión más se encontraba cruzando la banqueta, en sentido
contrario. No dijo nada, pues le pareció normal. Apenas habían pasado la moto y
el primer camión, el segundo camión se atravesó súbitamente a mitad de la
calle, cerrándoles el paso y provocando que se impactaran en carambola. El segundo
camión se atravesó a mitad de la calle, cerrándoles el paso por detrás.
Todo paso en cuestión de segundos: Antes de que
pudieran reaccionar los guarros, quienes aunse encontraban aturdidos por el golpe, los conductores de ambos camiones, armados con fusiles AR
-15, abrieron fuego contra las camionetas. Desde el camión que estaba cruzando
la banqueta, y del interior del bosque de Chapultepec, cuatro hombres más se
unieron a la lluvia de plomo, dos por cada flanco.
La escolta del gordo no podía repeler el ataque, pues no podía abrir ni
puertas ni ventanas, pero ya habían pedido refuerzos, y estos no tardarían más
de quince minutos en llegar. El Gordo se sentía confiado en que, gracias al
blindaje nivel seis de sus camionetas, podrían sobrevivir al ataque en lo que
llegaban sus muchachos. Pero el Gordo no contaba con que Genaro, el Z-47,
estaba escondido en uno de los arboles, justo arriba de la camioneta del Gordo.
Genaro, sabiendo perfectamente que el techo de la camioneta no estaba blindado,
soltó unas rafagas a la camioneta del Gordo, matando a todos en su interior. Después, hábilmente bajo del árbol
mientras sus hombres lo cubrían, y dio la orden de retirada. Los de los camiones que cerraron paso al convoy, y los del flanco izquierdo, se fueron en dos motos de policia, Genaro se perdió entre el bosque
junto a dos de sus hombres.
Siete hombres para realizar el trabajo, cinco minutos para concluirlo. Mucho ruido, pero ni una sola
bala perdida. Ninguna baja de su lado, y solo los muertos necesarios. Un
trabajo limpio.
*
Genaro era un buen soldado. Había sido reclutado después
de haber servido durante el conflicto armado en Chiapas, donde fue parte de los
GAFEs. Ahí había aprendido, además de tácticas de contrainsurgencia, guerra de
guerrillas, y guerrilla urbana, a obedecer incondicionalmente. Mato y robo
siguiendo órdenes, y aprendió a usar la violación como táctica psicológica de intimidación.
Las mujeres, le habían dicho, eran un instrumento, y así aprendió a tratarlas,
incluso a Eva, su propia mujer. Cada día, con el fin de mantenerla
"domesticada", la golpeaba hábil y dolorosamente, de modo en que no
quedaran huellas de agresión alguna. También, día a día, abusaba salvajemente
de ella. Sistematizaba la tortura y el sufrimiento para lograr su propósito,
que era mantener a Eva, el instrumento de su placer, bajo su yugo.
A pesar de que muchos de sus compañeros más
cercanos, casi sus amigos, le habían sugerido no comportarse así con su mujer,
ya fuera por cuestiones humanas o prácticas, Genaro los había ignorado a todos.
Ese día, después del trabajo, Genaro regreso a
dormir a su casa, pero antes, como era costumbre, golpeo y abuso de Eva de
cuantas formas le permitió su imaginación, y él se consideraba a si mismo muy
creativo. Al día siguiente, despertó y fue al baño. Eva ya se había levantado. Salió
del baño y se encontró con ella de frente, apuntándole con una 9mm. Sin decir
una sola palabra, pero con una gran sonrisa, Eva abrió fuego contra Genaro, vaciándole el cargador. Este cayo sobre un gran plastico estrategicamente colocado en el suelo. Mientras disparaba, Eva contaba los tiros, dejando al final en la recamara de la nueve una bala mas, para darle el tiro de gracia. Gracias al silenciador, ningún vecino se
percato de lo ocurrido. Arrastro a Genaro hasta el garage, donde con trabajo lo
trepo a la parte de atrás de la Navigator, que tambien estaba convenientemente forrada de plastico. Limpio todo y aguardo hasta el
anochecer, después partió hacia la carretera México-Toluca, donde rápidamente
bajo el cuerpo detrás de un restaurante en La Marquesa. Sin que nadie la viera,
y sin dejar rastro de su presencia, abandono aquel solitario paraje.
Llego a su casa, se baño y quemo en la chimenea la ropa y los plasticos que habia usado, después
se fue a dormir. Por primera vez en su vida se sentía tranquila. Mañana
temprano encontrarían el cuerpo, y sería cosa de días para que pudiera cobrar
la generosa cantidad con la que había asegurado a Genaro hacia un mes, además
de heredar las numerosas propiedades que este poseía. Se sentía orgullosa de sí
misma. Definitivamente, había sido un trabajo limpio.

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