Faltaba media hora para que
empezara su guardia en el hospital, pero a él le gustaba ser puntual. Por mucho
que se desvelara, no le costaba trabajo levantarse. En realidad no había
dormido nada la noche anterior. Había estado platicando largo rato por teléfono
con ella y, cuando finalmente se despidieron, no pudo dejar de pensarla.
Estaba en el cuarto piso del
hospital, viendo el amanecer. El piso aun estaba oscuro, y poco a poco se iban
filtrando los rayos del sol, calentando, con ayuda de un café del Oxxo, su
cuerpo. A esa altura, a través del amplio cristal, la ciudad parecía un enorme
nacimiento. Quizá un reflejo multiplicado hasta el infinito, como a través de
cientos de espejos, de las estrellas que aun adornaban el cielo.
De frente tenia a La mujer
dormida, en todo su esplendor. Inevitablemente, evoco a su musa. Con su
aliento imprimió vaho en la ventana, y comenzó a trazar el nombre de ella con
el dedo:
- Da...- No quiso terminar. No podía.
Eran las 7:00 am, hora de
presentarse en urgencias, su servicio.
El día fue, hasta cierto punto,
rutinario: Curaciones en piernas diabéticas, suturas por accidentes laborales y
escolares, retiro de puntos, niños con fiebre, adultos con infecciones
estomacales o presión alta, etc. Lo más emocionante del día fue una congestión alcohólica.
Amaba ser enfermero. Las catorce horas que duraba la guardia se le iban a ir rápido.
Pasaría el día pensando en ella.
La había conocido en una fiesta.
El platicaba y bebía con un grupo de amigos y amigas. Mientras lo hacía, se entretenía
haciendo una mariposa de origami. De pronto, un bello rostro entre la multitud,
una voz áspera, pero suave, una prófuga del País de las maravillas, exclamo:
- ¡Mariposa! - y se acerco,
ignorando a los demás, a contemplar su creación.
Desde ese día, ella fue metiéndosele
en los poros, como una droga.
Su primer beso fue tierno y
torpe. Ella, muy segura de sí, le pregunto:
- ¿Quieres besarme? -
El movió la cabeza
afirmativamente, y se acerco para besarla. Como todo hombre, entendió
mal las señales. Los labios de ella apenas se movían, y los de él se
movieron de mas. Tiempo después, al recordar ese beso, bromeaban al respecto. Él
le confesó que se sintió como el Lobo feroz devorando a Caperucita. Ninguno
estaba seguro de si a ese beso le había sobrado o faltado alcohol.
Desde que ella entro en su vida,
ya no era capaz de entender lo que es el amor. Antes estaba seguro de cada uno
de sus sentimientos, pero llego ella, agito desde la Luz una de sus alas, y
arraso con todo aquello en lo que el creía, hasta alcanzar el lado oscuro del corazón.
¿Como era posible que algo tan bello pudiera doler tanto? ¿Que dura paradoja podía
hacer que algo, en apariencia tan frágil, pudiera causar tanto daño? Ella era
su efecto mariposa.
- No me ames, no me extrañes. Yo algún
día abre de irme, quizá con alguien más, y tendrás que aceptarlo. No quiero
ponerle nombre a esto que tenemos. Quiero disfrutarte y que me disfrutes. Me
agradas. Te quiero. -
¿Como era posible que ella fuera
tan cruel como para decir, pensar, y sentir eso? No, no era cruel, tenía razón.
¿Es el amor en verdad tan complicado, o somos nosotros quienes lo envilecemos con nuestros miedos,
nuestra estupidez, nuestra necesidad de controlarlo todo? El amor no sabe de géneros,
razas, estado civil, edad, religión o posición social. El amor se siente o no, así
de fácil. No es necesario demostrar su existencia con ciencia o argumentos,
como sucede con Dios. El amor se alimenta del pasado, pero vive en el presente.
No existe nada mas, no sabe del futuro. El amor es realización, libertad,
entrega, inspiración, complicidad, sacrificio y goce. Es una mirada, un beso,
un abrazo, una caricia, una palabra dulce al oído, un gemido de placer. El amor
es plural, incluyente, quiere envolvernos a todos en su cálido y suave abrazo,
e iluminarnos como los rayos del sol. "Fidelidad" es solo una palabra
que inventamos para decir que alguien nos pertenece, aunque también el amor es
compromiso, y una voluntad constante de permanecer. El amor es una pasión
violenta y, aunque a veces sentimos que nos mata o nos enloquece, nunca puede
alimentarse de violencia. El amor, cuando se busca, no se encuentra, y cuando
se encuentra casi nunca es bien correspondido. Es breve y escaso. Una joya rara
que casi nadie conoce, aunque todo mundo se llene la boca diciendo que lo vive
o lo ha vivido (cuando en realidad lo único que encontraron fue autosatisfacción,
placer egoísta, masturbación). El amor duele, pero es lo único por lo que vale
la pena luchar, vivir, morir.
A medio día, en vez de ir a comer, como siempre,
con sus compañeros, se fue a escuchar música en una ambulancia. Ni siquiera prendió
el estéreo. Simplemente se dedico a observar la lluvia, y a pensar en ella.
Tarde o temprano se iba a ir, y el no podía hacer nada para impedirlo. No tenía
derecho. Había tantas cosas que quería decirle, pero no iba a hacerlo. Nunca
iba a mostrarle síntoma alguno de debilidad. Jamás lo vería sufrir por ella, ni
lamentarse, ni añorarla. Pero quería gritarle que se quedara. Quería esposarla
a la cama y perder la llave. Quería decirle que sin ella todo era gris y sin
sentido, y que si algún día quería regresar, el estaría esperando con los
brazos abiertos. Pero no tenia caso,. La vida le había enseñado, a la mala, que hablar no tiene mucho sentido.
Ella era inteligente, bella y fuerte. Quería
cuidarla y hacerla feliz, de ser posible, para toda la vida. No necesitaba que
cuidara de él. Siempre se las había arreglado para salir adelante solo, incluso
emocionalmente. Necesitaba de su perfume, impregnando su cuerpo. Necesitaba de
sus besos, que cubrían de calor su alma y su piel. Necesitaba sentirse
iluminado por su sonrisa. Se preguntaba que sería de él cuando ella ya no
estuviera. ¿Por qué, si tenía que irse, no se largaba de una buena vez, dejándolo
solo, pero tranquilo, igual a como lo encontró? No podía retenerla, y no quería
dejarla ir.
Así había sido siempre para él: Todo lo que tenia
le había costado lágrimas, sudor, y sangre. Lo mejor de su vida siempre se iba
o se quedaba atrás. No, eso no era cierto. Tenía un buen trabajo, y estaba
contento con su profesión. No era rico ni pobre, pero tenía todo lo que un
hombre pudiera necesitar. Pero lo más importante era Raquel, su esposa, quien lo
amaba profundamente, y a quien el amaría hasta que la muerte los separe. Quizá más.
Aun así, el sabia que cuando ella, la "intrusa", como dramáticamente
le gustaba nombrarse, se fuera, algo importante en su corazón se rompería, y jamás
tendría arreglo.
Ella, su único vicio, su única pasión, el único
secreto que había tenido en su vida, lo único prohibido, su único pecado. Si,
pensaba disfrutar con ella lo más posible. Era mejor arder que consumirse lentamente.
Después de un rato, salió de la ambulancia y prendió
un cigarro. La lluvia era tenue, y apaciguaba el fuego interior. Sonó su teléfono.
Era ella.
- Quiero verte. ¿Puedes decirle a tu esposa que
te quedaras a hacer guardia en la velada? Pasa conmigo la noche. Hace frio, y
me haces falta... -

No hay comentarios:
Publicar un comentario