La última vez que lo vio, el
estaba muerto. O casi. Sobredosis de barbitúricos. Lo vio echar espuma por la
boca, y de inmediato supo de qué se trataba. Se las ingenio para hacerlo
vomitar, en lo que llegaba la ambulancia. Cuando se lo llevaron, estaba prácticamente
gris. Llegando al hospital hizo un paro, por lo que tuvieron que desfibrilarlo.
No sabe si fue real o lo imagino, pero le pareció escucharlo gritar. Cuando
llegaron sus familiares, Diana les explico lo que había pasado, les entrego sus
papeles del Seguro Social, y se disculpo por no quedarse: Era lo último que quería
saber de Jonathan.
*
Jonathan sobrevivió. Paso un día
inconsciente, cuidado por familiares y amigos, pero se estabilizo rápidamente. Después
del paro, lo demás había sido un sencillo proceso de desintoxicación. Después
de cuatro días de recuerdos confusos y amnesia parcial, por fin lo dieron de
alta en el hospital. Diana nunca fue a verlo, ni siquiera le hablo. Le
recetaron anti psicóticos y anti depresivos, y tendría que ir, por dos semanas,
a evaluación psicológica para determinar si habría o no necesidad de ingresarlo
a un hospital psiquiátrico.
Lo llevaron a casa de sus padres.
Su familia había acondicionado el cuarto de televisión para que el pudiera
habitarlo. Por todos lados había cajas repletas de libros, discos, y dvd, sus únicas
posesiones. En un sillón estaba toda su ropa. Un cómodo sofá había sido
acondicionado como cama. Para distraerlo, ese día en la noche su hermana y sus
amigos lo llevaron al cine a ver una película de gangsters que le fascino. Para
bien o para mal, aquel era el comienzo de una nueva vida.
*
¿Cómo había podido ser tan egoísta
para hacerle eso? Pensaba Diana. ¿Acaso no pensó en la culpa y el remordimiento
que le hubiera causado? Antes de esa noche, no sabía que sentía por él, solo sabía
que había dejado de amarlo; ahora, lo único que le quedaba era rencor. ¿Cómo habían
llegado a esto?
Ella estaba sometida a mucho
stress, y Jonathan lo sabia; lo único que necesitaba era sentirse libre e
independiente, saberse fuerte y capaz, pero él no dejaba de sobreprotegerla.
Para él, el mundo era un lugar peligroso, y todos los hombres eran unos seres
viles. Ella nunca creyó eso pero al principio le siguió el juego. Ella, niña de
casa, aprendió con él a moverse en todos lados, a tratar con todo tipo de
gente, a prevenir, e incluso defenderse, ante cualquier situación.
Pero no era una niña, y eso era
algo que él nunca entendió. Ella no quería un príncipe azul que la salvara de ningún
dragón, simplemente quería sentirse libre y amada, pero él la hostigaba con sus
exagerados cuidados y atenciones.
La noche que todo exploto, justo
antes de decirle que ya no lo amaba, él le reclamaba por no haberle dicho antes
todo esto. Ella se quedo callada, pero en el fondo, a pesar de que él nunca
levanto una mano en su contra, ella siempre le tuvo miedo.
*
Los primeros días fueron un
infierno. Diario soñaba, o recordaba, como solían hacer el amor. Los dos eran
fuego, y aunque eso había sido muy malo en lo cotidiano, las reconciliaciones
en la cama habían sido lo mejor. En sueños, Diana le decía que lo amaba, y que estarían
juntos toda la vida. Jonathan, al despertar y darse cuenta de que todo había acabado,
de nuevo se sumía en la desesperación.
Conforme el día iba avanzando, y
los antidepresivos se impregnaban a su sistema, comenzaba a sentirse mejor. Salía
a distraerse con los amigos, y trataba de hacer su vida de manera “normal”,
pero se sentía estúpido y señalado por ser el patético tipo que había “tratado”
de suicidarse por amor. Cursi telenovela debió de haberle parecido a más de
uno. Algunos de sus más cercanos “amigos” comenzaron a ignorarlo.
Después se entero que una conversación
que él había tenido con Yolanda, una supuesta “amiga” de ambos, había sido el
detonante para que Diana decidiera sacarlo de una vez por todas de su vida. En
aquella conversación, Jonathan le platico a Yolanda, a manera de desahogo, y no
de queja, los problemas que tenia con Diana; la supuesta “amiga” corrió a
contarle todo, agregándole otro poco de su cosecha.
Al enterarse de esto Jonathan,
quien había permanecido por semanas como zombie o alma en pena, sintió como el
odio reanimaba su corazón.
*
Habían pasado ya seis meses desde
aquella dramática ruptura, cuando Diana comenzo a salir con Carlos, un compañero del trabajo. Quizá no era guapo ni
culto, y definitivamente estaba muy lejos de la exagerada pasión de Jonathan,
pero era amable, y la entendía bien. El había estado a su lado durante esos difíciles
momentos, y lo que en un principio era amistad y gratitud, lentamente comenzó a
transformarse en algo más. Jonathan seguía siendo su parámetro para medir a los
hombres, y precisamente las diferencias que había entre ambos eran lo que la habían
hecho fijarse en Carlos. Diana solo quería una vida tranquila y normal, y quien
sabe, quizá con el tiempo, y Carlos, finalmente podría encontrarla.
*
Jonathan siguió con su vida,
trabajando, estudiando, saliendo con los amigos, y conociendo nuevas personas.
Desaprovecho un par de buenas oportunidades en el amor, pues seguía amando a
Diana, y creía injusto para la otra persona comenzar una relación si su mente seguía
en ella. Más de una vez quiso hablarle o ir a verla, pero tuvo que aguantar ese
deseo que le quemaba por dentro.
Pensó que el tiempo y la
distancia serian un buen bálsamo para sanar las heridas, y hacer que ella
pudiera ver las cosas desde otra perspectiva. Quizá, pensaba, Diana lo
extrañara, y decidiera darle esa segunda oportunidad que antes le había negado.
La extrañaba muchísimo, y aunque hacia lo posible por salir adelante, vivía constantemente
atormentado.
Un día, sin embargo, se armo de
valor y compro las flores favoritas de Diana, y fue a su trabajo decidido a
hablar con ella. Había pasado ya casi un año desde aquella dramática noche, la última
vez que se habían visto. Espero hasta las 6:00 pm, hora de salida de Diana, y
entonces la vio salir, bella y radiante como siempre, de la mano de otro tipo.
Su corazón se rompió por última vez. Al hacerlo, sintió que algo negro en su
alma se liberaba, y se dio cuenta que aquella lejana noche, en vez de salvarle la
vida, Diana lo había matado, y dentro de él se había venido incubando algo
horrible y cruel que hoy por fin veía la luz.
*
Esa noche, Carlos y Diana habían quedado de ir al
cine. Era sábado, y el día anterior habían ido a bailar. No es que Carlos fuera
muy bueno, pero al menos hacia el intento, a diferencia de Jonathan. Diana
amaba bailar. Acababa de salir de bañarse cuando escucho el claxon del Chevy de
Carlos. Le mando un mensaje diciendo que le esperara quince minutos. Los dos
sabían que en realidad seria media hora.
Al salir, estacionada detrás del
Chevy, lo primero que vio fue una Van de vidrios polarizados; le pareció extraño
que una puerta estuviera abierta. Se acerco al Chevy, pero este estaba cerrado,
y Carlos no estaba en su interior. Sintió un ligero piquete en el lado derecho
del cuello antes de desvanecerse.
*
Antes de continuar el relato, hay
algo que es necesario saber de Jonathan: Es un psicópata. En el fondo siempre
lo supo, y toda su vida fue una lucha constante entre lo que el sabía que
estaba mal y lo que le dictaba su instinto. Durante su infancia y adolescencia,
la lucha consigo mismo se volvió salvaje y brutal, pero logro ganarla y evitar
herir a quienes le causaban algún mal. Cuando Diana apareció en su vida,
Jonathan creyó que el amor era suficiente para mantener a raya a la bestia. Que
ingenuo fue.
Por desgracia para ambos, las
personas con algún tipo de trastorno de personalidad, o psicopatía, por mucho
empeño que pongan en “controlarse” o “curarse”, no pueden hacerlo solo.
Necesitan ayuda especializada. Es cierto que hay psicópatas conviviendo
cotidianamente entre la multitud, y permanecen inactivos toda su vida gracias a
que nunca ocurre un evento limite que detone su violencia y maldad, pero, en
mayor o menor medida, los síntomas de su enfermedad siempre se hacen presentes.
En el caso de Jonathan, además de su pasión desmedida, y su permanente hambre por dar y recibir cariño, eran su necesidad de
controlarlo y saberlo todo.
En las películas y los libros,
los psicópatas son fascinantes y seductores; en la realidad, la gente no
soporta estar mucho tiempo cerca de ellos. Quizá es su instinto de
supervivencia el que los obliga a alejarse por considerar que están en peligro.
A pesar de que el instinto de Jonathan nunca había apuntado a herir a una
mujer, y de que sus valores nunca se lo hubieran permitido, el sabía
perfectamente de que hablaba cuando le decía a Diana que el mundo era peligroso
y los hombres malos. Lo sabía porque el mismo era peligroso y malo.
*
Esa última noche, Jonathan sabia
que Carlos y Diana irían al cine. Lo sabía porque el mismo la había acostumbrado
a ir cada sabado al cine. También sabía cuanto se tardaría en arreglarse antes
de estar lista. Observo, como lo había hecho los últimos tres sabados, como
Carlos llegaba y tocaba el claxon al estacionarse, en vez de tocar el timbre.
Eso siempre le había parecido de huevones y patanes. Arranco la Van, que le había
prestado un amigo, y choco en la parte de atrás del Chevy. Carlos, tranquilo,
se bajo a ver qué había pasado.
Jonathan, con gorra puesta para
no ser reconocido tan fácilmente, bajo de la Van. Se acerco a Carlos disculpándose,
y lo sorprendió con un cabezazo en pleno rostro, seguido de un fuerte golpe en
la boca del estomago, que de inmediato lo noquearon. Lo subió a la parte
trasera de la Van, cuyo interior se escondía bajo las sombras de la noche, y
dejo la puerta abierta. Después de amarrarlo y amordazarlo, espero.
Minutos más tarde, vio salir a
Diana y asomarse al Chevy. Se acerco, sin que esta lo viera, y le inyecto etorfina en el cuello; la cargo suavemente y la puso en la parte de en
medio de la Van, después cerró la puerta, se sentó frente al volante, y
arranco.
*
Diana despertó con un ligero dolor de cabeza. Abrió
los ojos y se sorprendió al descubrirse amarrada a una pesada y vieja silla,
parecida a esas sillas eléctricas de las películas, en un lugar desconocido;
unos diez metros delante de ella, amarrado también a una silla igual, pero desnudo
y amordazado, estaba Carlos. A un costado había un hombre muerto por un tiro en
la cabeza. Reconoció al papa de Yolanda. Diana comenzó a gritar desesperada pidiendo
ayuda. Detrás de ella, alguien olio su cabello. Giro tanto como pudo, y de
entre las sombras salió Jonathan.
- ¿Qué madres estás haciendo? – Le pregunto,
espantada.
- Vengo a pedirte una segunda oportunidad. –
- ¿Estas loco? ¿Por qué no me hablaste? Pudimos
quedar de vernos y hablar. –
- No, esta vez no es para mí, es para él, para
Carlos. –
- No entiendo de que hablas. Suéltame y hablamos
tranquilamente, no tenemos por qué llegar a estos extremos.-
- Ya llegamos a estos extremos. –
- ¿Qué pretendes? –
- Ya te dije, quiero una segunda oportunidad para
Carlos. –
- ¡Suéltame, carajo, y hablamos tranquilamente! –
- ¿Tan pronto comienzas a exaltarte? Nunca pudimos
hablar tranquilamente… -
- Si pudimos, y aun podemos hacerlo. Por favor, déjanos
ir y tú y yo hablamos tranquilamente. –
- Disculpa, pero no. Hoy, aquí, resolveremos
aquello que dejamos inconcluso hace ya casi un año. –
- Muchas veces pensé en hablarte, para resolver las
cosas, pero no pude. No sabes como me arrepiento de haberte tratado como lo hice… -
- Ya es demasiado tarde para eso. –
- No, aun no lo es. No sé que siento por ti, ni que
siento por Carlos, pero esta no es forma de resolver las cosas. Me gustaría poder
hablar tranquilamente contigo, y ser amigos. Que el tiempo decida por nosotros.
–
- ¡Ja! ¿Y dejar que otro siga cosechando los frutos
que yo sembré? ¡Estuve a tu lado en tus peores y mejores momentos, siempre apoyándote!
Te anime cada que te desanimabas por la escuela, hasta que te graduaste; estuve
a tu lado venciendo el luto cuando falleció tu mama; te apoye y aconseje en
cada problema laboral y personal que tuviste; te enseñe muchas cosas, y aprendí
muchísimo de ti, y a pesar de los problemas, siempre trate de poner de mi parte,
mientras tú, en silencio, te dabas por vencida. ¡Yo nunca hice caso cuando
alguien me hablo mal de ti, y tú creíste las intrigas de la maldita víbora de Yolanda! ¡Me echaste
como a un perro de tu vida y de la casa! Ni siquiera fuiste a verme al
hospital, o hablaste para preguntar como estaba, y simplemente te hiciste a la
idea de que yo había muerto. –
- ¡Eso no es cierto! Estuve al tanto, preguntándoles
a los amigos, por tu estado de salud. Me mantuve pendiente de tu progreso
emocional, y aunque al principio te odie como no tienes idea, nunca deje de
preocuparme por ti. Nunca pudiste entender cuanto te ame, y cuan agradecida
estaba contigo, pero me asfixiabas, y yo quería solamente estar un tiempo lejos
de ti, para respirar. –
- Te pedí perdón hasta el cansancio. Como tú dices,
nunca me di cuenta de muchas cosas, y al final tú solo veías lo malo que había en
mí, o que tú creías que había en mí. Pero lo hecho hecho esta, y ya no podemos
dar marcha atrás. Volviendo a nuestro asunto, te repito que no estamos aquí por
mí, sino por él. Es él quien necesita una segunda oportunidad. –
- ¡No te entiendo, carajo! -
- De ti depende, aquí y esta noche, si él vive o
muere. –
- ¿Te volviste loco o estas estúpido? ¡Ya deja de decir pendejadas, y suéltanos! –
- Veo que no me estas tomando en serio… -
Jonathan se dirigió hacia Carlos, quien estaba
evidentemente asustado. Tomo unas pinzas y le corto dos dedos de la mano.
Carlos grito, pero su grito fue sofocado por la mordaza. Diana, en cambio,
grito con todas sus fuerzas.
- ¿Por qué estas haciendo esto? –
- Yo sabía, quizá inconscientemente, que esto iba a
terminar así. Por eso quise quitarme la vida, para dejarte libre. Pero tú
decidiste salvarme la vida, y aquí estamos. Pase largos y angustiosos meses,
llenos de dolor, y a ti no te importo. Finalmente, tú me olvidaste, y yo logre
superarte mediante el odio. No puedo odiarte, eres lo más sagrado que hay para mí,
pero con el no tengo por qué tener ningún tipo de consideración… -
- ¡Ya suéltanos, carajo! Déjalo libre, tu y yo somos
quienes tenemos que arreglar esto. –
- Veo que sigues sin ponerme atención… -
A pesar de las suplicas y gritos de Diana, Jonathan
le corto dos dedos mas a Carlos, esta vez, de la otra mano.
- ¿Lo amas? –
- ¡No sé, carajo, ya te dije que no se! –
- No me estas dando motivos para que viva, y se está
desangrando. –
Fue y le cortó dos dedos más.
- ¿Qué es lo que quieres de mi? ¿Por qué no me
dejas en paz? –
- ¡Lo único que quiero de ti es que le salves la
vida a este pendejo! ¿Lo amas? –
- ¡Si, lo amo, pero no tanto como te ame a ti! Me
dejaste jodida, y me dejaras aun mas jodida después de esto. ¿Por qué siempre
tuviste que llevar las cosas de extremo a extremo? ¡Yo te amaba con todo mi corazón!
–
- ¿Es bueno en la cama? –
- Por favor, ya acaba con esto… -
Diana lloraba desesperada. Antes, cuando llegaban a
las lágrimas, Jonathan sentía un profundo remordimiento, y cortaba, de tajo, el
pleito. La abrazaba y trataba de hacerla sonreír. No soportaba verla llorar.
Aun hoy, para su sorpresa, descubrió que aun lo conmovían sus lágrimas. La cosa
negra que lo habitaba se agito violentamente dentro de el, recordándole por que
estaban ahí.
- ¡Pregunte si es bueno en la cama! –
- ¡No! ¡Es tierno, pero no es tan apasionado como tú!
Por favor, déjalo ir, haz conmigo lo que quieras… -
Jonathan saco un celular, y marco un número.
- Por favor, quiero reportar un homicidio. ¡Ya
mataron a alguien, y están torturando a un pobre tipo! -
Diana escucho como les daba la dirección.
- ¡Apúrense, y traigan una ambulancia! – Después colgó.
- ¿Qué va a pasar ahora? –
- Llegaran en quince minutos, ya medí en otra ocasión
el tiempo de respuesta. –
- Me refiero a nosotros. –
- ¿Hay un “nosotros”? –
- Estas mal, necesitas ayuda, pero no es demasiado
tarde. Déjalo vivir, prometo estar contigo en cada paso de tu recuperación. –
- Aun tengo un par de preguntas: Si no es bueno en
la cama, y aun piensas en mí ¿Por qué sigues con él? –
- Porque es buena persona, y me ha ayudado a
superarte. –
- ¿Sabes? Yo pensaba que el sexo nos unía a ti y a mí,
aun en los peores momentos, pero después vi que no era así. ¿Lo amarías por ser
un buen hombre, aun si nunca llega a satisfacerte sexualmente? Ya no digas nada
de lo que paso entre nosotros, solamente contesta mi pregunta. –
Diana dudo un poco, finalmente respondió
- Si. –
- Gracias, eso es lo que quería escuchar. Ahora,
finalmente, te perdono y te dejo libre, y Carlos tendrá exactamente la misma
oportunidad que yo tuve para rehacer su vida, con la gran diferencia de que tú estarás
a su lado para apoyarlo. –
Habiendo dicho esto, tomo las pinzas y le corto el
pene a Carlos. Aun a pesar de la mordaza, se pudo oír su desgarrador grito de
dolor. También Diana grito. Y justo cuando iba entrando la policía, Jonathan
saco un revolver y se disparo en la sien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario