Despertó cuando el frio de la madrugada comenzó a
calarle hasta los huesos. Se enderezo y saco de su mochila, que por las noches
le servía de almohada, una sudadera con capucha y un cuartito de Viuda de
Romero; le dio un trago largo al tequila y se quito la chamarra para ponerse
debajo la sudadera. Checo la hora en el celular: Eran las 5:18 am, la señora de
los tamales aun no iba a llegar. Los cartones que lo cubrían estaban húmedos
por aquel encabronado frio invernal, así que quito dos de los cuatro que estaban
debajo de el, haciéndola de colchón, y los acomodo de nuevo sobre sí mismo, haciéndola
de casa de campaña; después coloco de nuevo la cobija que iba encima, y se envolvió
en la otra, puso la cabeza de nuevo en su "almohada", y se volvió a
dormir.
A las 6:00 am, puntual como siempre, llego la
señora de los tamales a despertarlo. Menos mal, ya le gruñían las tripas de
hambre.
- Joven, le traje sus tamalitos. Ahora no traje
de rajas, pero le tengo uno de pollo y su tamalito dulce. -
- Gracias, doña Meche. - Y le pago con su mejor
sonrisa.
- Tómese también su atolito, es de cajeta, y está
muy bueno. -
- Le voy a poner un altar aquí junto, doñita. -
- Jajaja hay, joven, no sea bárbaro. Ya lo dejo,
me tengo que apurar. Que pase usted un buen día. -
- Igual, que venda rápido todo, y que Dios este
siempre con usted. -
Bernardo no creía en Dios, pero estaba convencido
de que doña Meche era su ángel de la guarda.
El desayuno siempre era una bendición. Soplo un
poco al atole, mientras engullía un pedazo de tamal, y después bebió, sintiendo
como el líquido le calentaba las entrañas. En cuanto acabo de desayunar, se
apuro a guardar sus cosas en su mochila y a acomodar los cartones, los del Oxxo
no tardarían en llegar. Se estiro y dio una última bostezada, luego empezó a
caminar. Poco a poco fue alejándose de La Pila, hasta llegar al centro de
Metepec. Subió al Calvario y contemplo la vista, quizá no tan impresionante,
pero al fin y al cabo, hermosa. En sus audífonos sonaba el primer disco de
Audioslave. Poderoso y melancólico a la vez, ideal para despertar. En realidad,
ese disco le parecía ideal para cualquier hora del día.
A las 11 am ya estaba afuera de Galerías Metepec,
esperando a que abrieran el cine. Había pasado antes a Bodega Aurrera, donde pidió
cien gramos de jamón y cien de queso manchego, mismos que se guardo hábilmente
en la bolsa de la chamarra, asegurándose de hacerlo en un pasillo donde no
hubiera cámara; después tomo una Coca de seiscientos, un jitomate y dos
bolillos, y fue a pagarlos a caja. Ya en el estacionamiento, saco su navaja de
mariposa y un frasquito de mayonesa, corto los jitomates y los bolillos, y se
preparo dos tortas. El almuerzo perfecto. También había pasado antes al
Sanborns, donde robo "Trópico de cáncer", un libro de Henry Miller al
que hacía rato le traía ganas.
Se dirigió al cine y compro un boleto para
"Rosario Tijeras", una película cuyo cartel y sinopsis le habían atraído
bastante. Dejo su mochila en paquetería, pero antes saco un vaso grande de refresco que habia guardado hace tiempo. Pidio que lo volvieran a llenar de Coca con
hielos, y de inmediato le bajo una cuarta parte. Apenas empezaron los
cortos, y la sala se oscureció, saco un cuartito de Bacardi que llevaba oculto
en la chamarra, y lo mezclo con el refresco. La película fue muy buena, mejor
de lo que esperaba.
Salió del cine y comenzó a caminar de regreso al
Oxxo de La Pila. Su turno empezaba a las 3:00 pm. Llego y saludo a la sra
Daniela, la comisionista, y a Rosi, su compañera que hacía de cajera. Se puso
el uniforme y se metió a la red fría, donde comenzó a acomodar al pedido de la Coca
que acababa de llegar. Le tomo más de dos horas, y fue pesado hacerlo,
pero no había prisa, y se sentía contento de desquitar su sueldo.
Mientras estaba acomodando el refresco, comenzó a
hacer cuentas: Le pagaban $1800 a la quincena, de los cuales ahorraba
aproximadamente $1200. Llevaba ahorrados más de trece mil pesos. Cuando juntara
quince se compraría una moto de medio uso, después juntaría unos pesos más para
irse a vivir a una playa, quizá a Cancún o a Acapulco. Si le daban algo extra a
modo de aguinaldo, calculaba que podría largarse de Toluca entre junio y julio.
El siguiente invierno, pasara lo que pasara, en vez de dormir cagandose de frio
entre los botes de basura afuera de un Oxxo, dormiría en la playa.
Después de acomodar el refresco, se metió al baño
a cepillarse los dientes y a "bañarse", al más puro estilo francés.
Termino justo a tiempo, pues Rosi le hablo para comer. Casi no había gente por
las tardes, así que podían comer con calma. Si alguien entraba, se turnaban
para ir a cobrar a la caja. Rosi, como siempre, llevaba su comida; Bernardo,
como siempre, tomo una Coca de lata y se preparo dos vikingos y unos nachos,
mismos que apuntaba en una libreta y le descontaban de su saldo llegando la
quincena.
El turno, como siempre, transcurrió tranquilo.
Apenas dieron las diez de la noche, Bernardo cerró la puerta y dejo abierta la
ventanilla, para comenzar a vender por ahí. Rosi se ocupo de hacer el corte de
caja. Apagaron las luces al cuarto para las once, y se metieron a coger en la
bodega. Rosi era una chica linda. Además de guapa y de trato agradable, tenía
un cuerpo bastante apetecible. Solo había un problema con Rosi: Era casada y tenía
dos hijos. No se amaban ni nada por el estilo. El sentimiento que había entre
ellos apenas y era más fuerte que una simple amistad; como sea, eso no era obstáculo
para coger como lo hacían, disfrutándose, gimiendo y sudando sin que nadie los
interrumpiera o pudiera descubrirlos.
Terminaron de vestirse y salieron de nuevo hacia
la parte de adelante del Oxxo. Afuera ya esperaba en el coche el marido de
Rosi, un tipo bastante pedante y malhumorado. Pusieron la alarma y salieron rápido.
Rosi se despidió de Bernardo amablemente, pero con fingida indiferencia, y se
fue con su marido a su cálido hogar con su familia perfecta.
Bernardo se dirigió al costado del Oxxo, donde
estaban los botes de basura y los cartones; armo su "tienda de
campaña" a base de cajas, saco de una bolsa escondida sus cobijas, y se
quedo dormido. Pasaron un par de horas, cuando se despertó por un ruido. Puso atención,
y se percato de que algo rascaba detrás de él, entre las cajas. Volteo y sorprendió
a una rata tratando de meterse a su almohada/mochila. De inmediato se levanto y
alcanzo a patear a la rata para que se largara. El animal chillo y salió
corriendo, despavorido. Bernardo trato de acomodarse, pero era inútil, se le había
espantado el sueño.
Tomo su mochila y dio la vuelta al Oxxo. Se sentó
a la entrada, y saco el libro de su mochila, comenzó a leer. Llevaba ya un buen
tramo leído cuando vio que se acercaban dos tipos. A esa hora y en esos rumbos,
no podía tratarse de nada bueno. De inmediato se levanto, alerta, y trato de
correr, pero los tipos rápidamente lo flanquearon.
- ¿Que traes en la mochila? - Pregunto uno de
ellos.
- Un regalo de tu mama. - Le contesto Bernardo.
El tipo se le fue encima de inmediato. Bernardo pasó
su brazo alrededor del cuello del tipo, lo agacho y comenzó a golpearle el
rostro. El otro tipo, que se había mantenido lejos, saco una navaja y trato de
acercarse. Bernardo uso al tipo al que le pegaba como escudo, manteniendo lo más
lejos posible al de la navaja. Cualquiera que los hubiera visto, más que
preocuparse, se hubiera reído. El tipo que era golpeado logro tomar a Bernardo
de la cintura y girarlo, de modo que quedo dándole la espalda al de la navaja,
quien no perdió oportunidad y logro encajársela en el hombro. Bernardo grito de
dolor. Aventó al tipo que golpeaba contra el otro, tomo su mochila del suelo, y
corrió como alma que lleva el diablo.
Bernardo se metió entre las calles para perderlos
en caso de que lo siguieran, pero no hacía falta, los tipos no hicieron el
intento por seguirlo. Aun tenía la navaja clavada en el hombro derecho. Checo
la herida y trato de sacar la navaja, pero no pudo, pues dolía mucho. Comenzó a
sentirse mal, quizá por la sangre que había perdido. Por suerte, a unas cuadras
se encontraba una clínica del IMSS que contaba con urgencias. Llego y lo
atendieron de inmediato. Después de haberle sacado la navaja, lo cual había
dolido mucho, a pesar de la xilocaina, y de limpiarle y desinfectarle la
herida, una enfermera lo inyecto contra el tétanos, mientras el doctor en turno
lo cosía. En ningún momento Bernardo se despego de su mochila.
Cuando finalmente lo dejaron ir, ya había salido
el sol. Alcanzo a ver pasar a doña Meche en su carrito/bicicleta. Lástima, se había
perdió el desayuno con tamales. Paso al Oxxo a desayunar un café y unas conchas
de Tía Rosa, se apunto en la libreta, de despidió y se fue. No dijo nada sobre
el asalto frustrado. Tomo un camión hacia el centro de Toluca, y durmió todo el
camino. Se bajo en Rayón, camino unas cuadras hasta llegar al parque Simón Bolívar,
y ahí busco sombra bajo un árbol. Acomodo su almohada/mochila y se acostó. Se sentía
débil y muy cansado. Cerró los ojos y disfruto del agradable calor que despedía
ese día el sol. Se imagino durmiendo en la playa, y sonrió. Tenía solo veintitrés
años, y aun esperaba mucho de la vida. Con esos pensamientos optimistas, el espíritu
lleno de esperanza, y una sonrisa en la boca, Bernardo se quedo profundamente
dormido.

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