domingo, 22 de julio de 2012

El Club Eutanasia


Supuestamente, todo empezó como una especie de "entrenamiento" alterno al que recibían en "La bodega 54", el gimnasio de boxeo al que asistían. Mentira. La mayoría tenía en mente aquella película donde Edward Norton y Brad Pitt se ponían en la madre a putazo limpio, buscando la iluminación mediante la autodestrucción, y rebelándose de paso contra sus grises y mediocres vidas. Pero, a diferencia del de la película, este "club de la pelea" básicamente estaba formado por tipos duros demasiado viejos como para aspirar a boxear profesionalmente, aunque con suficiente napalm en las venas como para incendiar el cuadrilátero.

Abraham, de cuarenta y seis años, metro ochenta de estatura, robusto, y albañil de profesión, había sido invitado a unirse después de ponerse los guantes con un morro de veinti algo que estaba a punto de debutar profesionalmente. Comparado con aquel morro, que era pura técnica y velocidad, Abraham era solo un torpe abuelo. Supuestamente, aquella sesión de sparring habría de durar cuatro rounds de tres minutos, mas uno de descanso entre cada round, pero dada la condición de Abraham, que para acabarla de joder era asmático, todo mundo sabia que no llegarían a un tercer asalto.

El morro avanzaba, muy seguro de si, con agiles brincos, entrando y saliendo a placer, mientras Abraham mantenía aquella ridícula guarida inglesa, con los puños cubriendo a la altura de la cabeza. El morro golpeaba a placer su estomago y costillas, debilitándolo mientras buscaba encajarle jabs y volados justo en el rostro. El morro, engolosinado, llevaba a Abraham contra las cuerdas, pero justo cuando parecía que este último iba a caer, jalo al morro de la cintura con el brazo izquierdo, cambiándolo de lugar para, acto seguido, acomodarle un poderoso cruzado de izquierda en la mandíbula. Un solo golpe tuvo el morro aquel para desplomarse, inconsciente, al suelo. Un solo golpe le basto a Abraham para que lo miraran con respeto, y lo invitaran a formar parte de El club eutanasia.

Aquí las reglas también son simples, aunque más apegadas al box:

1.- Solo puños. No cabezazos, no patadas, no codos ni golpes a los genitales.
2.- Guantaletas obligatorias.
3.- Cuando uno cae, el otro espera a que se levante.
4.- Cinco minutos por pelea.
5.- Puedes retar a cualquiera, y el otro esta obligado a aceptar el reto.

Aquí no existe eso de "la primer regla del club de la pelea es que no puedes hablar de el club de la pelea"; hasta puedes llevar a tu chica, para que vea lo rudo que eres, e incluso puedes invitarle una cerveza en lo que mira como otro tipo te machaca la jeta, por que, eso si, aquí nadie se va limpio.

Hay dos formas de ganar aquí una pelea: Con la primera sangre, es decir, el primero que logra exprimirle la nariz, el labio o el pómulo a su oponente, o por la vía del knock-out. Aquí no hay cuerdas ni cuadrilátero, peleas a nivel del suelo, y si la gente considera que estas demasiado cerca de ellos, pueden regresarte de un empujón al centro de la pelea. También a veces llueve cerveza, pero eso, lejos de hacerte encabronar, es una refrescante bendición. Otra bendición es que aquí nunca vas a escuchar banda o reggaetón; esta fiesta se baila a ritmo de metal, rock y hip hop.

Esa noche, Abraham ya había peleado. Tipo flaco, pero correoso como la chingada, de la estatura de Abraham, no se dejaba noquear, y aunque la primera sangre fue de Abraham, y por lo tanto también la victoria, no logro llevar a aquel tipo al suelo. Acabando la pelea, los dos peleadores, golpeados, sangrando, y cansados, se acercaron a darse un abrazo fraternal. La sangre y la cerveza nos hermanan.

Despues de la pelea, Abraham estaba tomándose una cerveza y descansando, cuando fue retado por un farol de gimnasio de treinta y tantos, actitud de galán, y con playerita rosa que parecía pintada al cuerpo de tan pegada. Iba acompañado por Barbie y dos de sus amigas, además de tres putines como el. Abraham odiaba a esos intentos de macho alfa, retardados por tanta testosterona. Vacío de un trago su cerveza, y se dispuso a pelear. Se coloco las vendas, y le ayudaron a ponerse las guantaletas. Al entrar al círculo, miro con su fría cara de hijo de perra al mamado, y se acercaron para ponerse en la madre.

El mamado tiraba golpes como estúpido, perdiendo el paso fácilmente al dejarse ir como gallito de pelea. Abraham se mantenía tranquilo, confiado en su estúpida guardia inglesa. El mamado rugía, quizá tratando d intimidarlo y de verse mas "rudo" ante el publico. Comenzó a respirar agitado. "Te esta fallando el cardio, mijo", pensó Abraham, y bajo la guardia para dejar que el mamado le conectara un jab justo en la nariz, que lo hizo sangrar de inmediato. El mamado celebro, y el publico aulló de emoción. Comenzaron con la cuenta de los últimos diez segundos, ya no había razón para contenerse.

- ¡Nueve! - Abraham se acerca al confiado mamado.
- ¡Ocho! - Abraham le abre la ceja con un cruzado de derecha.
- ¡Siete! - Abraham le clava un jab directo a la nariz, que de inmediato hace erupción.
- ¡Seis! - Gancho al estomago, el mamado se tambalea.
- ¡Cinco! - ¿Mencione que se vale agarrar? Para que el mamado no caiga al suelo, Abraham amablemente lo detiene de la oreja izquierda.
- ¡Cuatro! - Abraham hace que el mamado bese su puño.
- ¡Tres! - El mamado vuelve a besar el puño de Abraham.
- ¡Dos! - Un ojo morado siempre es un bonito souvenir de una pelea.
- ¡Uno! - Gancho al hígado, para que orine sangre toda la semana.
- ¡Tiempo! - Hasta entonces, el mamado cae como tronco al suelo.

Por haber "aguantado" toda la pelea, y al haber conseguido la primera sangre, la pelea la gano el mamado. Abraham se acerca y levanta la mano del mamado, que aun esta en el suelo, dándole la victoria. La gente estalla en risas y ovación para Abraham, quien antes de irse se acerca a Barbie y le roba un beso. Esta, sorprendida, pero no molesta, se lo contesta.

Aquí también se valen las apuestas, y Abraham cobro por apostarse a si mismo, en contra, una buena suma. Lo suficiente como para comer bien y permanecer borracho toda la semana. Dos peleas en una noche, y bastante cerveza, son suficiente para que Abraham quiera largarse a dormir. En el estacionamiento, el mamado, con la cara deforme por los golpes, discute violentamente con Barbie. No es su problema, así que se da la vuelta para irse, cuando escucha algo que llama su atención: El mamado abofetea duro a Barbie. El napalm en la sangre de Abraham se incendia. Embiste al mamado y ruedan sobre un coche. El mamado se levanta primero, y trata de patear en la cara a Abraham, quien detiene la patada y lo lleva al suelo con el. Intercambian golpes, y Abraham se pone arriba del mamado. Lo golpea una y otra vez. El ojo del mamado explota en sangre. Dos golpes más y la mano de Abraham se entume de dolor. Gritos y amenazas. Tres o cuatro gorilas caen a golpes sobre Abraham. Su cuerpo se llena de dolor. Antes de desmayarse, alcanza a ver algo que algo cuelga de la cuenca sangrante del ojo del mamado. Despues, sirenas, oscuridad.

 *

Como siempre, acude a Rosi para que lo cure. La conoció cuando ella lo contrato a él y a otros para remodelar su casa. Se hicieron buenos amigos, pero él se mantuvo lejos, pues se dio cuenta de que ella sentía algo por el. No quería arruinarlo todo y perderla, como siempre. Rosi era una guapa doctora de treinta y dos años, y estaba acostumbrada a sus constantes peleas.

- ¿Hasta cuando vas a seguir peleando, Abraham? -
- Hasta que ya no pueda. -
- ¿Cuando será eso? ¿Cuando mueras? -
- Ya sabes lo que dicen: Hierba mala... -
- Esas son estupideces, y lo sabes. -

Guardo silencio. Le gustaba que lo regañara, pues sabia que se preocupaba por el. Siempre es bueno tener alguien que se preocupe por ti. Viéndola así, tan frágil y bella, sabia que era imposible resistírsele por más tiempo.

- Me gustas, Rosi. -

Rosi se sonrojo, meneo la cabeza y la bajo, después contesto, con una tímida sonrisa y sin levantar la vista:

- Y tú a mi, viejito tonto. -

Rosi ya le había suturado la ceja y la cabeza, le había dicho que tenía que irse a tomar placas de torax y cabeza, pues tenia muchos hematomas, y ahora curaba sus nudillos. Abraham pasó su mano por debajo de la blusa, acariciando la espalda desnuda de Rosi, quien se estremeció, pero trato de disimular.

- ¿Sabes? - Dijo Abraham. - En estos momentos no necesito realmente una doctora, sino una mujer. - Acto seguido, la beso suavemente.

Fue un buen beso, largo e intenso. Al principio, solo los labios se rozaban, pero pronto vinieron las mordidas juguetonas, y luego las lenguas. Ahí se calentaron las cosas. Rosi se monto encima de él, quien seguía aferrado a su espalda. Comenzo a besar su cuello, buscando poco a poco sus pechos. Ella se quito la playera, y el hizo lo mismo. Abraham mordisqueo ligeramente sus pezones; luego, mientras con una mano acariciaba su espalda, y aferraba su cuello para besarla, con la otra se fue deslizando poco a poco por debajo de su pantalón de pijama, hasta acabar acariciando sus nalgas. Rosi se levanto y le desabrocho el cinturón. Apago la luz y se quito el pantalón, mientras él se quitaba el suyo. Desnudos completamente, Rosi volvió a montarlo; Abraham la penetro suavemente. Esa noche, agotaron las delicias de la carne.

Rosi se movía suave y rítmicamente, Abraham se mantenía acariciándola y besándola, dejando que fuera ella quien lo cabalgara a placer. Cuando las cosas subieron aun más de tono, Abraham la levanto y la acostó, boca arriba, en el sillón, penetrándola un poco más fuerte.

- Ponme a gatas. - Le dijo Rosi, y así lo hizo Abraham.

La monto fuerte, aferrando su cadera con ambas manos, mientras se deleitaba observando su espalda arquearse y sus nalgas chocando contra su pelvis. La sujeto suavemente del cabello en la nuca, y le dio un jaloncito, como si fueran las riendas de una yegua salvaje. En ese momento, Rosi se estremeció de placer. Llegaron juntos a un glorioso orgasmo. Después, durmieron como bebes.

*

Ya en su casa, Abraham pensó que después de todo no era tan malo iniciar una relación con Rosi. Quizá no podía darle mucho, pero tampoco le exigiría nada de lo que los novios o esposos le exigían a sus parejas. Bueno, salvo fidelidad, claro esta. Eran compatibles en todos los aspectos, y anoche, cogiendo como lo habían hecho, demostraron que podían ser una buena pareja. Le dio un trago a su cerveza, y se sentó a ver televisión. En realidad no ponía atención a las imágenes en la pantalla, su mente vagaba, ociosa, por varios momentos de su vida: Recordó cuando el retardado de su padre le ponía los guantes con los hijos de sus imbéciles amigos, cuando apenas tenía diez años. Era común escucharle gritar, en vez de palabras de apoyo, "maricon", "no seas puto", "para eso me gustabas". Curioso, nunca vio a su padre y a sus amigos ponerse los guantes ellos mismos. Recordó también a Noemí, y como lo dejo hecho polvo cuando se largo con un tipo rico, dejando en la basura sus esperanzas de formar una familia y tener una vida feliz. Por eso, por la pobreza, y por muchas cosas más, era que Abraham peleaba. Pero ahora que estaba aquí Rosi, una luz volvía a brillar para el.

Estaba demasiado borracho cuando se metió a bañar a la tina. Pensó nuevamente en la película, y se rio al pensar que ese "fondo" del que Brad Pitt hablaba tanto, y que Edward Norton hacia todo lo posible por alcanzar, era el mismo fondo en el que él había vivido toda su vida. Quería ser feliz al lado de Rosi, y quería hacerla feliz también, pero siempre habría algo ennegreciendo su alma, y no estaba seguro de querer renunciar a eso. Abrió la vieja navaja de afeitar, el único regalo que le había hecho el inútil de su padre, y se miro en su reflejo. Después la cerró y se recostó a disfrutar del agua tibia. Quería hacer que las cosas funcionaran con Rosi. Quizá hasta la llevara la semana siguiente a El club eutanasia. Si, se sentía como un niño enamorado, pero era realista: Después de todo, si las cosas con ella no funcionaban, y la vida seguía siendo una mierda, la navaja le ofrecía un escape, una puerta que siempre estaria abierta.

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