El cuerpo desnudo de aquel hombre
obeso estaba acostado sobre el lado derecho del gran lienzo blanco que él había
dispuesto en el suelo. Se hallaba clavado de manos y pies al suelo, y dos finas
pero resistentes cuerdas transparentes se hallaban también afianzadas al suelo,
aferrándolo por el abdomen y el cuello, debajo de los pliegues de su inmenso abdomen y papada. Comenzó amputándole la pierna derecha con una pequeña sierra eléctrica
de forma redonda. El hombre obeso grito y chillo desesperadamente. Le gustaba
que gritaran. Sentía que el sufrimiento daba vida a su arte. El corte fue rápido
y limpio, no así la sangre, que comenzó a brotar como una fuente. El lienzo se
encontraba en un pequeño desnivel, por lo que la sangre corrió hacia abajo,
dejando limpio el resto del espacio. Luego, corto el brazo izquierdo a hachazos,
provocando violentas salpicaduras. Finalmente, corto de un solo
tajo la yugular; un grueso chorro de sangre saliera disparado
hacia el centro. Mientras el hombre obeso se ahogaba en su propia sangre, el plasmo, con un gran molde, su firma, y dio por
terminada la última obra de esta serie. Más bien, la penúltima. Subió al
andamio y tomo una fotografía de la imagen completa, luego la imprimió ahí mismo,
dentro del enorme almacén que le servia de taller, y cuya otra mitad también habría
de ser la galería donde se exhibiría su obra. Tomo la impresión, que media 2m x
1m, y la coloco con las otras de la serie. 21 en total, mas su obra maestra.
Miro satisfecho la galería, y cerró la puerta del taller, donde se encontraban
todas sus obras. Con la cámara de video en mano, se dirigió al fondo de la galería,
donde estaba un enorme lienzo, aun mas grande que los anteriores, lleno de manchas de sangre, ya coagulada,
que escurría hasta el suelo. Grabo a detalle cada una de sus obras, compuesta
por gente de todas las edades, géneros, y colores de piel. A pie de foto se
encontraba una pequeña descripción, que incluía el nombre del “modelo” (cuyo
cuerpo podrían encontrar en el taller). Se detuvo frente al gran lienzo blanco,
y conecto la cámara a su lap. Cargo el video a la pagina “El ángel negro”;
cuando estuvo listo, comenzó a transmitir en vivo. Oriento la cámara para que
grabara hacia el lienzo. Subió al andamio, se coloco una vieja cuerda al
cuello, y brinco. La cámara capto, a detalle, el momento en que se rompió el
cuello.

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